Por María Lourdes Martínez - Comunicación Fundación María de los Ángeles

A las puertas de la Fundación María de los Ángeles, la jornada comienza como cualquier otra. Profesionales que llegan, reuniones que se organizan, teléfonos que suenan, personas que esperan ser atendidas. En las distintas oficinas, el trabajo cotidiano transcurre entre entrevistas, llamados y encuentros de equipo. Cada tarea forma parte de una dinámica que lleva casi dos décadas construyéndose.

Pero detrás de esas paredes hay una historia que comenzó mucho antes de que existiera este edificio. Una historia atravesada por una búsqueda, por preguntas que durante años no encontraron respuestas y, sobre todo, por la desaparición de María de los Ángeles Verón, Marita.

La búsqueda de Marita llevó a su madre, Susana Trimarco, por distintos caminos y la puso frente a una realidad que hasta entonces desconocía en toda su dimensión: la existencia de redes de trata de personas y de otras mujeres y familias atravesadas por historias similares. Aquello que comenzó como la búsqueda desesperada de una hija fue transformándose, con el tiempo, en una lucha que trascendió su propia historia.

De esa necesidad de dar respuestas y acompañar a quienes atravesaban situaciones de trata nació la Fundación María de los Ángeles. Con los años, aquella iniciativa fue creciendo hasta convertirse en un espacio donde distintas disciplinas trabajan de manera articulada para asistir, acompañar, prevenir y promover el acceso a la justicia.

Este 19 de octubre, la Fundación cumple 19 años desde su inauguración. Diecinueve años de una historia que comenzó con la búsqueda de Marita y que encontró en el acompañamiento a otras víctimas una manera de transformar el dolor en acción.

Hoy, detrás de cada puerta, hay un equipo que sostiene esa historia desde el trabajo cotidiano. Abogados, psicólogas, trabajadoras sociales y profesionales de distintas áreas articulan sus conocimientos para brindar asistencia integral, acompañar a las personas que llegan a la institución y ayudarlas a transitar procesos muchas veces difíciles. Cada entrevista, cada orientación, cada gestión y cada escucha forman parte de una tarea que no siempre se ve, pero que resulta fundamental para quienes necesitan encontrar respuestas, recuperar derechos y volver a construir un proyecto de vida.

Pero la historia de la Fundación no se mide solamente en años ni en actividades realizadas. También está hecha de las personas que encontraron allí un lugar donde ser escuchadas, de las familias que pudieron compartir su dolor, de las mujeres que recibieron acompañamiento y de cada integrante del equipo que, desde su función, contribuye a sostener esta labor. Son historias que no siempre aparecen en los registros ni pueden resumirse en cifras, pero que explican el sentido más profundo de todo lo que se hace.

Diecinueve años después, la búsqueda de Marita sigue siendo el origen de esta historia, pero ya no es una historia que se transita en soledad. La lucha de Susana Trimarco abrió un camino que permitió que muchas otras personas encontraran un espacio de acompañamiento y que la trata de personas dejara de ser una realidad invisible para convertirse en una causa que convoca a instituciones, profesionales y a toda la sociedad.

El aniversario encuentra a la Fundación con nuevos desafíos y con la misma convicción que la puso en marcha: que ninguna persona debería enfrentar sola una situación de vulnerabilidad y que el acceso a la justicia, la asistencia y la protección de los derechos deben ser una realidad para todos.

Porque transformar el dolor en una causa colectiva no significa olvidar lo que lo originó, sino hacer que esa historia siga abriendo caminos para otros.