“Un hombre se para en un escenario. No está actuando. No está dando cátedra. Vino a decir la verdad. A esta altura de su vida Boy Olmi se pregunta quién es. Si es su profesión, sus vínculos, sus heridas, sus recuerdos o todo eso mezclado. Con humor, con crudeza y con la calma de quien ya no necesita impresionar a nadie, comparte una historia personal que, en el fondo, podría ser la de cualquiera. Con las herramientas del teatro presenta un experimento sorprendente, que no tiene nada de ficción, y nos recuerda que, a veces, la pregunta es más importante que la respuesta”.

Este es el anuncio de “Boy”, el unipersonal del actor que presentará a la 21 en Teatro Puerto Libertad (Las Piedras 1.850), con dirección y dramaturgia de Shumi Gauto sobre sus relatos. En el diálogo del actor con LA GACETA, toma distancia de la idea de espectáculo y refuerza la definición anticipada de que es “un experimento que investiga por qué cada uno de nosotros es quien es; por qué se nos arma un personaje en la vida cuando somos muy pequeños, que después nos va a acompañar todo el tiempo y del que a veces cuesta alejarse”.

Con 50 años en la actuación y una trayectoria constante en teatro, cine y televisión, el multifacético Boy también canta, baila, cocina, fotografía, pinta, viaja y camina como amante de la naturaleza que recorre las grandes ciudades . Ahora, sólo sobre el escenario, muestra su identidad que se abre en abanico desde los interrogantes que lo movilizan.

Esa construcción tiene distintos orígenes y significados. “Ese personaje al que me refiero nos protege y configura nuestra identidad; esa manera de ser que todos tenemos diferenciada proviene de dos cosas. Por un lado, de los mandatos ocultos que las familias nos transmiten y que nos los transmiten inconscientemente porque son secretos que nos llegan como sus creencias; no sabemos de dónde provienen ni qué los originó. Generalmente, surgen de cosas que conllevaban sufrimiento a nuestros antepasados y que entonces los taparon porque tenía que ver con el dolor. Pero ese mensaje nos llega, aunque no lo sepamos conscientemente”, advierte.

“A eso se le agregan las primeras sensaciones, emociones e impresiones que tenemos muy de niños, al nacer, en los primeros tres, cuatro, cinco años de vida, en donde nos topamos con las emociones, con lo lindo, con lo feo, con el temor, con la alegría, con los sentidos despiertos. Y eso empieza a armarnos: en algunos casos, es alguien simpático; en otros, es violento; en otros, es intelectual… Y ese personaje, que es nuestra manera de reaccionar a la realidad, después es nuestra armadura, es nuestra protección”, plantea en la entrevista.

- ¿Tu indagación personal terminó en encontrar patrones comunes a todos?

- Nos pasan muchas cosas parecidas a todos al mismo tiempo, que tienen que ver con que queremos que nos acepten como somos, que nos escuchen y que nos quieran, sobre todo. Todos necesitamos un lugar de contención y de afecto, y para lograrlo es que armamos una manera de ser, porque creemos que es la que funciona para cada uno. Cambian las anécdotas, las formas, algunos de los personajes de nuestra vida, pero a todos nos pasan hechos bastante parecidos.

- ¿Cuánto abarcó su investigación?

- Esta indagación me llevó muchos años. Empezó con una búsqueda personal sobre quiénes eran mis ancestros, mis 16 tatarabuelos: ocho hombres y ocho mujeres que se fueron cruzando en sus destinos hace muchas generaciones y que dieron lugar a estas ramas de las que provenimos nosotros. Entonces me encontré con Shumi, actriz, directora, escritora y artista muy interesante. Ella me había pedido que yo escribiera el prólogo de su libro sobre creatividad, un manual que se llama “Expresión Revolución”. Lo hice y eso nos vinculó mucho en la vida.

- ¿Ese encuentro reformuló tu trabajo?

- Cuando me encontró en esa investigación personal, me preguntó qué me estaba pasando en ese momento de mi vida. Me puso contra la pared, me arrinconó y empezó a grabar nuestros encuentros, a tomar notas de nuestros ensayos y a generar toda una dramaturgia que ella escribió sobre lo que yo le había contado. Este espectáculo, en gran parte, trata sobre cosas que me pasaron, pero que tienen que ver con las que nos pasaron a todos. Por eso no es solo sobre mí, sino que es sobre todos nosotros.

- ¿Qué implicó ese meterte dentro tuyo?

- Bucear en mi propia historia implicó comprometerme mucho, como nunca me había comprometido, probablemente porque hay cosas que uno no solo no le cuenta a los demás, sino que no se las dice a uno mismo. Las cosas que descubrí también tienen que ver con que soy mucho más que lo que se sabe de mí o de lo que muestro, porque lo que aparece primero es ese personaje que construimos. Y el mío es este Boy que soy desde niño, y que tiene muchas otras maneras de ser.

- ¿Requiere un valor especial afrontar ese pasado?

- Por supuesto, requiere un valor especial, pero ese valor se transforma en compromiso, en responsabilidad y, finalmente, en un gran placer, porque trae sanación. Atreverse a hablar de lo que uno no habla trae sanación.

- ¿Hay espacio para reírse?

- El espacio para el humor en mi relato es absoluto porque, desde mi perspectiva, es una de las formas elevadas que tiene la inteligencia. Es una manera de entender la realidad, así como hay otras. Te permite entrar por lugares que uno muchas veces no se anima. Es un hermoso camino y es una hermosa puerta a la verdad.

- ¿Encontraste respuesta a la pregunta disparadora de quién sos?

- El inicio tuvo que ver con preguntarme quién soy, es algo que está bueno que nos lo hagamos todos, justamente para poder crecer y para poder ser más felices. La respuesta me acerca a entender que soy mucho más de lo que se ve en una primera lectura de mí, igual que la de todos nosotros, porque somos más que lo que mostramos. Y van a encontrar la respuesta, porque creo que tengo una respuesta que sirve para todos los que vean este espectáculo.

- ¿Desde qué lugar el público se identifica con vos?

- Desde el lugar en que estamos todos en contacto, porque somos seres humanos, una especie que está en un momento muy crítico y que está en contacto con otras especies, que son los animales y las plantas, con las que tenemos que restablecer un equilibrio. Es un espectáculo que solo puede hacerse con el público, el que forma parte de un diálogo porque lo hago hablando, mirando y comunicándome con la gente, rompiendo la cuarta pared. Estamos todos en una gran reunión, en una ceremonia que empezó imaginándose como una conferencia y hoy es un espectáculo sorprendente, que no se parece a nada de lo que hice en toda mi vida. Por eso estoy tan contento de llevarlo a Tucumán.

- ¿Por qué ese entusiasmo?

- No solo porque me gusta mucho, sino porque me he dado cuenta, durante un año de funciones en la Argentina, en Uruguay y en España, de que a la gente le hace mucho bien y le sorprende. Entre las reacciones, hubo de todo: dolorosas y placenteras, pero creo que las dos son caras de la misma moneda. Lo planteo desde una perspectiva integradora, para unir lo que suele estar disociado.

- ¿La memoria te hizo trampas?

- No, porque también en la memoria los relatos toman una forma en que se transforman en verdaderos, aunque uno no esté seguro de si lo que está diciendo fue tal cual lo vivió. Sin embargo, este espectáculo es absolutamente cierto. Lo hablé con mi mujer, con mi hijo y con mis amigos; sabían en la que me estaba metiendo, pero no lo charlé con nadie. Trabajé con Shumi codo a codo durante mucho tiempo y con su asistente María Vives; les abrí mi corazón de una forma bastante inusual.

- ¿Qué rol que le cupo a Shumi?

- Es una gran artista que se interesó por producir algo conmigo e inmediatamente tomó la dirección de este proyecto y la dramaturgia, escuchándome hablar y editando gran parte de mi texto. Lo construimos juntos, pero ella es la autora; es decir, el texto fue dicho con mis palabras y ella lo editó.

- ¿Quedó material para otro espectáculo?

- El material es infinito porque, por supuesto, se trata de algunos aspectos escogidos de mi vida, que permanentemente está en movimiento. Pero este es este y no sé cómo puede ser en otro momento.

- ¿Te permitió sanar heridas o revisar acontecimientos de otro enfoque?

- Por supuesto que sí. Me permitió sanar heridas que habían estado siempre, pero que no estaban tan a la vista, y al ponerlas a la vista se empezó a producir un gran alivio.