La posibilidad de un “Súper Niño” que afecte duramente en los meses cálidos por venir vuelve a poner a Tucumán frente a una amenaza recurrente: las inundaciones. Sin embargo, el desafío no consiste en alimentar el temor ante un fenómeno cuya intensidad todavía debe confirmarse, sino en transformar las advertencias científicas en decisiones concretas. La prevención no puede depender de la reacción de las autoridades cuando el agua ya ingresó en las viviendas. Debe ser una política sostenida para reducir los riesgos antes de que se produzcan las emergencias.

Los investigadores Juan y Leónidas Minetti, del Laboratorio Climatológico Sudamericano, advirtieron que no hay motivos para anticipar una catástrofe inevitable. “Tener miedo no, ocuparse sí”, resumió Leónidas. Juan, por su parte, cuestionó la dependencia de un único indicador climático para tomar decisiones: “Si la sociedad y los tomadores de decisión dependieran de un solo fenómeno para definir sus acciones, estaríamos fritos”. La advertencia es pertinente: la incertidumbre sobre la intensidad del “Súper Niño” no justifica ni el alarmismo ni la inacción.

El ingeniero Leandro Díaz, director del Laboratorio de Construcciones Hidráulicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT, señaló que las tormentas intensas no son nuevas, pero su frecuencia aumentó. “Si bien quizás en el milimetraje no llueva más de lo que llovió alguna vez en el pasado, ocurre más seguido”, explicó. A esto se suma el crecimiento urbano sobre antiguos cauces, la impermeabilización del suelo y la insuficiente capacidad de algunos desagües. “¿Por qué se inunda la ciudad? Porque la intensidad de la precipitación es mayor que la capacidad que tiene este sistema para evacuar las aguas”, advirtió.

Ante este escenario, el Estado debe anticiparse. Díaz fue contundente sobre el mantenimiento de la infraestructura hídrica: “Esta prevención-mantenimiento debe hacerse todos los años”. La limpieza de canales, cauces y desagües necesita presupuestos específicos, cronogramas regulares y controles. No puede reducirse a operativos de emergencia cada vez que se anuncian lluvias intensas. La prevención exige continuidad y planificación, especialmente antes de la temporada estival.

También resulta indispensable coordinar a los organismos públicos. Díaz cuestionó la falta de una estructura responsable de planificar a gran escala y las dificultades burocráticas que impiden el trabajo conjunto. Los mapas de riesgo, los registros históricos y los estudios científicos deben orientar las obras, las restricciones para construir en zonas vulnerables y las decisiones sobre el uso del suelo. Las nuevas urbanizaciones, además, deben controlar el escurrimiento para no trasladar el problema a otros sectores.

Los Minetti remarcaron que las soluciones a las grandes crecidas requieren infraestructura concebida como política de Estado a largo plazo. Las obras deben responder a estudios rigurosos: una intervención mal calculada puede agravar las inundaciones aguas abajo. También hacen falta sistemas de retención de lluvia en los terrenos y alertas tempranas que permitan actuar a tiempo.

La prevención debe extenderse a la salud pública. Las lluvias y las temperaturas elevadas pueden favorecer la reproducción del mosquito transmisor del dengue. El descacharrado, la eliminación de recipientes con agua y las campañas sanitarias deben comenzar antes de que avance el verano.

El Súper Niño no debe ser una excusa para justificar daños evitables. Las lluvias no pueden controlarse, pero sus consecuencias sí pueden mitigarse. Tucumán necesita actuar ahora, con información, coordinación y responsabilidad, antes de que la emergencia imponga decisiones tardías.