La llegada de un posible Súper Niño durante el verano 2026-2027 vuelve a poner en alerta sobre una de las enfermedades que más preocupa a la Argentina, en especial a Tucumán: el dengue. Con pronósticos de lluvias intensas y persistentes en distintas regiones del país, los especialistas advierten que las condiciones climáticas podrían influir en la proliferación del mosquito Aedes aegypti, aunque el impacto no necesariamente será el esperado.

El fenómeno climático podría coincidir con el inicio de la temporada de mayor actividad del mosquito, que encuentra en el agua acumulada y las temperaturas adecuadas las condiciones necesarias para reproducirse. Sin embargo, existe una paradoja; y es que mientras las precipitaciones pueden multiplicar los sitios de cría, las lluvias extraordinariamente intensas también pueden arrastrar larvas y eliminar algunos criaderos.

El interrogante cobra relevancia después de las dos últimas temporadas de relativa calma y ante el recuerdo del brote de 2023-2024, cuando el dengue provocó una fuerte presión sobre el sistema sanitario argentino.

Por qué el Súper Niño podría cambiar el escenario

De acuerdo con los modelos climáticos citados por el diario Clarín, el fenómeno de El Niño podría generar precipitaciones importantes durante el próximo verano, principalmente en la Cuenca del Plata, Cuyo y los Andes norpatagónicos, con posibles efectos en otras regiones del país.

El médico infectólogo Tomás Orduna, ex jefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Muñiz, explicó al diario Clarín que todavía no es posible establecer qué ocurrirá con la enfermedad. “Nadie tiene la capacidad de decir qué cosa se va a cumplir con respecto al dengue”, señaló, al referirse a las previsiones sobre posibles epidemias o brotes.

No obstante, contó que las condiciones meteorológicas previstas podrían coincidir con el período en el que el mosquito comienza a multiplicarse con mayor intensidad. Para ello, necesita temperaturas apropiadas y agua acumulada donde pueda completar su ciclo de desarrollo.

En el Área Metropolitana de Buenos Aires, detalló Orduna, pueden transcurrir entre 12 y 13 días desde que un huevo entra en contacto con el agua hasta que emerge el mosquito adulto. En Misiones y otras zonas de clima más cálido, ese proceso puede reducirse a nueve o 10 días.

Pero la cantidad de agua no es el único factor determinante. Según el especialista, las lluvias intensas pueden generar un efecto contrario al esperado si provocan desbordes o arrastran las larvas de los recipientes.

Por eso, un verano particularmente lluvioso no implica necesariamente una mayor cantidad de mosquitos. El resultado dependerá de la intensidad y la distribución de las precipitaciones, de las temperaturas y de las condiciones ambientales de cada zona.

La prevención, una de las claves frente al dengue

Más allá de las previsiones meteorológicas, los especialistas insisten en la importancia de retomar las tareas de prevención antes de que avance la temporada de calor.

La principal recomendación es eliminar los recipientes que puedan acumular agua, desde baldes y botellas hasta platos de macetas, latas y otros objetos abandonados en patios y jardines. También se aconseja cepillar las paredes de los recipientes para desprender los huevos que el mosquito puede dejar adheridos.

El descacharrado es una de las herramientas centrales para interrumpir la reproducción del Aedes aegypti. A esto se suma el uso de repelente, la ropa que cubra brazos y piernas y la colocación de mosquiteros cuando sea necesario.

El mosquito no solo transmite los cuatro serotipos del dengue. También puede transmitir chikungunya y zika, otras enfermedades que representan un riesgo para la salud pública.

En ese contexto, Orduna remarcó que las dos temporadas de menor circulación no alcanzan para establecer una relación directa entre las lluvias y la ausencia de brotes. La evolución del dengue responde a múltiples factores y no puede explicarse únicamente por el clima.

Cuántas personas se vacunaron contra el dengue en Argentina

Otro elemento que podría marcar una diferencia respecto del brote de 2023-2024 es la vacunación. Sin embargo, las cifras muestran que la cobertura todavía es parcial y que no todas las personas que recibieron una primera dosis completaron el esquema.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación citados por Clarín, hasta el momento se registraron 1.671.930 dosis administradas en el sistema nacional de información, que incluye los sectores público y privado. La cifra corresponde a dosis y no a personas vacunadas, ya que el esquema contempla dos aplicaciones separadas por al menos tres meses.

El infectólogo Pablo Bonvehí, director del área de Infectología del CEMIC y representante de Vacunar, estimó que en el país se habían administrado alrededor de dos millones de dosis. En esa institución, precisó, se aplicaron 244.940 dosis a 150.793 personas, una diferencia que refleja que no todos completaron el esquema.

Desde 2024, el Ministerio de Salud informó que distribuyó 303.180 dosis a las provincias. La estrategia nacional priorizó 11 jurisdicciones consideradas con potencial epidémico, entre ellas Salta, Jujuy, Catamarca, Chaco, Formosa, Misiones y Santiago del Estero.

La vacunación constituye una herramienta adicional para reducir el riesgo de enfermedad grave, pero no reemplaza las medidas destinadas a controlar al mosquito. Las autoridades sanitarias recomiendan la inmunización para la población de entre cuatro y 59 años que reside en provincias expuestas, de acuerdo con los lineamientos oficiales.

El control de la población de mosquitos es una de las principales tareas para evitar la transmisión de enfermedades como dengue y chikungunya. Foto: World Mosquito Program

El riesgo de que el dengue vuelva a circular

Aunque a fines de septiembre los reportes epidemiológicos consideraban interrumpida la transmisión viral autóctona sostenida, la presencia del dengue en países vecinos mantiene latente la posibilidad de que el virus vuelva a ingresar a la Argentina.

La combinación entre circulación viral, condiciones climáticas favorables y presencia del mosquito puede modificar el escenario sanitario durante los próximos meses. Aun así, los especialistas advierten que no es posible anticipar si habrá una nueva epidemia ni cuál será su magnitud.