“Vos tenés memoria selectiva”, se dice a veces, irónicamente, cuando alguien parece priorizar ciertos aspectos -y olvidar otros- respecto a una persona, una situación o un hecho del pasado, ajustándolos a su conveniencia.
Y es así: la llamada memoria selectiva es un proceso psicológico y un sesgo cognitivo mediante los cuales nuestro cerebro filtra, prioriza y almacena ciertos recuerdos, al mismo tiempo que descarta o minimiza otros, en base a emociones, intereses y creencias personales.
En realidad, es algo totalmente natural y adaptativo: no podemos almacenar toda la información que hemos recibido y por eso de alguna manera “elegimos” qué conservar y qué desechar. Si registráramos absolutamente todo, nos sentiríamos totalmente abrumados, colapsados.
Un ejemplo de este mal es -además de Funes el memorioso, protagonista del cuento de Jorge Luis Borges- la norteamericana Jill Price, quien padece “hipertimesia”, un síndrome que la hace rememorar todos sus recuerdos. Fue la primera persona en recibir tal diagnóstico, luego de varios años de depresión, e inspiró un libro titulado “La mujer que no puede olvidar”: “Desde el 5 de febrero de 1980, recuerdo todo. Eso fue un martes”. Un verdadero infierno.
Se han hecho experimentos testeando la memoria en parejas, luego de que sus integrantes llevaran un diario de las actividades cotidianas de la relación. Al parecer, las parejas desdichadas recuerdan mejor los malos momentos que los buenos que habían registrado con anterioridad. En cambio, las parejas felices suelen recordar adecuadamente los malos momentos, pero sobreestiman significativamente el número de buenos momentos registrados.
En la misma línea, el famoso terapeuta de parejas norteamericano, John Gottman -quien se atribuyó la capacidad de predecir un divorcio con una precisión del 91%, luego de escuchar tan sólo cinco minutos de discusión marital- advierte sobre la importancia de la manera en que una pareja, que está pasando un mal momento, es capaz de evocar su historia.
Afirma que es una señal auspiciosa cuando, aun estando en una crisis, al preguntarles por el pasado de la relación, ambos pueden mirar hacia atrás fundamentalmente con cariño: son capaces de rescatar lo emocionante que fue conocerse o lo mucho que se admiraban. Incluso, al hablar de los tiempos difíciles, se enorgullecen de sus luchas y sienten que sacaron fuerzas de la adversidad que soportaron juntos.
En cambio -consigna Gottman- es de mal pronóstico cuando la historia empieza a “reescribirse” de manera negativa y entonces a la pareja le resulta cada vez más difícil conectar con lo bueno que tienen... o que tuvieron.