La madrugada del domingo 4 me desperté para ver la carrera de Fórmula 1. Al ser sede de la misma Malasia, era de esperar que la cuestión climatológica jugara en contra del espectáculo. Sin embargo, la carrera se demoró más de una hora por que el software de los monoplaza falló de manera masiva (teóricamente por la humedad) y obligó (tras la vuelta de reconocimiento) a postergar la largada del gran premio. Nadie duda de que la Formula 1 es la máxima categoría mundial en competencias automovilísticas de la FIA y que las diferentes marcas o equipos invierten miles de millones de dólares durante años para realizar mejoras. Sin embargo, bastaron unas gotas de agua para que varios autos sufrieran un apagón masivo que amenazó a todas las unidades. Así la lluvia que, en otras épocas era sinónimo de maestría por parte de los pilotos, hoy se convirtió en una alerta. Este problema me llevó a pensar en la vida cotidiana y como muchos se quedan paralizados ante anomalías (un corte de luz o una tormenta). Y cómo la actual “tecnología dependencia”, en lugar de potenciar nuestras capacidades, las ahogó y cualquier chaparrón nos deja fuera de carrera.

Marcelo Daniel Castagno 

marcelocastagno@yahoo.com.ar