DESDE BUENOS AIRES. - “Gracias Dios por hacerme argentino. ¡Vamos Argentina!”. Así terminó Lionel Messi la carta con la que anunció su retiro de la Selección. Después de 20 años, 207 partidos, 125 goles y una Copa del Mundo, el último renglón no habló de récords ni de trofeos. Habló de pertenencia. Fue una despedida escrita en clave de agradecimiento, y no es casualidad: así fue toda su carrera con la celeste y blanca.

Basta releer la carta para comprobarlo. Agradeció a su familia “por estar siempre, por acompañarme en este viaje tan hermoso pero difícil”. Agradeció a cada uno de los entrenadores, compañeros y dirigentes con los que le tocó compartir. Agradeció a los hinchas por el cariño de estos años. Incluso cuando habló de sus logros, eligió el plural: escribió que se iba con el orgullo de haber regalado, junto con sus compañeros, momentos soñados. Después agregó un “¡Los quiero!” que no necesitó explicación. Nunca se puso por encima del grupo.

Esa actitud no apareció en la despedida. Fue una constante. El capitán rara vez habló de sí mismo después de una consagración. Cuando las cosas salían bien, el mérito era del equipo. Cuando salían mal, cargaba con la responsabilidad sin señalar a nadie. Durante años soportó críticas durísimas sin responder con rencor. En lugar de pasar facturas, siguió viniendo, siguió jugando y siguió poniendo la cara, aun en los momentos en que la camiseta le pesaba más que nunca.

DESPEDIDA. Con esta carta, Messi anunció su retiro de la selección argentina.

La gratitud también tiene que ver con una elección. Cuando era un juvenil que deslumbraba en Barcelona, en España se ilusionaron con que defendiera los colores de su seleccionado. En 2004, la AFA organizó un amistoso de la Sub-20 ante Paraguay para que se pusiera la celeste y blanca cuanto antes. Él eligió la Argentina. Tenía 17 años y ya sabía, sin vueltas, a qué camiseta pertenecía. 22 años después, su última línea como jugador de la Selección fue para dar gracias por haber nacido argentino. El círculo se cerró solo.

El agradecimiento más íntimo apareció al pie de la carta. Contó que había escrito esas palabras el 21 de julio, dos días después de perder la final del Mundial con España, y que, después de lo de su papá, estaba “más convencido que antes”. Jorge Messi fue quien lo acompañó a Barcelona cuando tenía 13 años y quien le preguntó, en los días más difíciles, si quería seguir o volver a casa. "Leo" eligió quedarse. Sin esa decisión, nada de lo que vino después habría sido posible.

Para los hinchas dejó una de las frases más lindas de su despedida. “Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro. Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera”. El jugador más grande de la historia del fútbol argentino se despidió prometiendo ser un hincha más. No hay mejor resumen de su manera de entender la Selección.

El agradecimiento de sus compañeros

Lo que sembró durante dos décadas volvió multiplicado. El 31 de agosto, la palabra que más se repitió en los mensajes de sus compañeros fue la misma: gracias. Ángel Di María le escribió “Gracias eternas, Capitán”. Rodrigo De Paul lo llamó el más grande de toda la historia y le agradeció por haberlos hecho tan felices. Lisandro Martínez escribió su “gracias” en mayúsculas y de todo corazón. Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes y Cristian Romero publicaron mensajes en la misma sintonía. Los campeones del mundo hablaban de él como hablan los hinchas.

Este martes, en el Monumental, el agradecimiento cambia de dirección. La AFA lo invitó a tener la despedida que merece, y el capitán aceptó volver para un último partido ante Benín. Lionel Scaloni avisó que "Leo" podrá despedirse como quiera. Los campeones de Qatar estarán presentes junto con sus familias. El estadio, lleno, tendrá por fin la oportunidad de decirle en la cara lo que tantas veces le dijo desde lejos.

Durante 20 años, Messi nos dio las gracias por dejarlo jugar para nosotros. Agradeció cada aplauso, cada canción, cada bandera con su cara en una tribuna. Lo hizo con goles, con títulos y, sobre todo, con una lealtad que nunca se negoció. Este martes, cuando salga a la cancha por última vez con la 10 en la espalda, nos toca a nosotros devolverle el gesto.