Las imágenes que acompañaban la nota de LA GACETA del 29/09 correspondían al cierre del “Congreso Nacional de la Juventud” de LLA, llevado a cabo en San Miguel de Tucumán. Como Catalán (aquel menemista de la primera hora y empleado premium del Estado nacional desde siempre), tiene como único eje de campaña el costo anual del Poder Legislativo de Tucumán, no tuvo mejor idea que armar una maqueta del edificio Legislativo e invitar a los asistentes a liberar violentamente su brutalidad y “razonamiento”, basado pura y exclusivamente en la testosterona. Los que se autodenominan libertarios, sin siquiera conocer filosóficamente el significado de esa palabra, hacen del libertinaje su modo de vida cotidiano, en sus casas y en las calles, con familiares y conciudadanos; en la vida real y en aquella otra - virtual - de las “redes antisociales” (como las denomina Verbitsky). Viven de una farsa y su visión de Patria, por consiguiente, es una farsa. Porque llaman país a la semicolonia que se les ofrece; llaman Libertad a la pérdida de derechos; llaman libre mercado al industricidio nacional que provoca la apertura desmedida de las Importaciones. Su ignorancia sobre la historia de la humanidad, sobre la historia moderna y sobre la historia reciente nacional - en lugar de angustiarlos - los llena de orgullo, careciendo de capacidades básicas para observar, indagar, relacionar, razonar. Milei y su modelo económico también son una farsa, porque surge de una mentira y se sostiene por esa misma mentira: el “equilibrio fiscal”, que se vende como el gran logro, es tan solvente como el “equilibrio emocional” del residente de la Quinta de Olivos. No existe tal equilibrio fiscal o, mejor dicho, ni uno ni el otro, en la Era Milei. Lo que sí existe, desde el primer día, es el saqueo de dineros pertenecientes a las provincias, a la Infraestructura nacional, a Universidades, a la Salud y a la Educación, a la seguridad interna y de fronteras, etc. Todo ese dinero fue a parar a la timba financiera y a sostener la fuga de capitales. Poquísimos ganadores y una república desintegrada y arrasada.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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