La forma octogonal tiene el concepto de advertencia si rodea a alguna frase u objeto. En psicología cognitiva, diseño gráfico y salud pública está establecida como la forma estándar para las etiquetas de advertencia en los alimentos, por ejemplo.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) determinó que este diseño es el sistema más efectivo para influir en las decisiones de compra por varios motivos. El cerebro humano ya está condicionado para reaccionar ante ciertas formas geométricas.
El octógono es la forma universal de las señales de tránsito de "PARE" o "STOP". Al trasladar esta figura a un empaque de comida, el consumidor asocia de manera inconsciente e inmediata que debe "detenerse" a pensar antes de elegir ese producto, lo cual activa mecanismos de alerta y autoprecaución.
A diferencia de los círculos o los rectángulos (formas muy comunes en los logotipos de marcas y en el propio diseño de los envases), el octógono tiene líneas angulares marcadas que rompen la estética del producto. Al ser negro con letras blancas y bordes definidos, genera un contraste drástico que capta la atención del ojo humano en menos de dos segundos.
Así se reduce el esfuerzo cognitivo, las tablas nutricionales tradicionales (al dorso del envase) requieren que el consumidor lea números pequeños, calcule porcentajes y entienda gramos. El octógono elimina ese proceso convirtiendo datos complejos en un mensaje directo y binario: el alimento tiene o no tiene un exceso perjudicial. Esto es crucial para procesar la información rápido mientras se camina por los pasillos del supermercado.
Efectividad probada científicamente
Antes de su implementación masiva en países de la región como Chile, México, Perú y Argentina, múltiples estudios de campo compararon diferentes formas (lupas, círculos, semáforos de colores o triángulos). El formato octogonal demostró sistemáticamente un impacto muy superior para:
• Facilitar que niños y adultos mayores entendieran el mensaje sin importar su nivel educativo.
• Disminuir la intención de compra de productos ultraprocesados dañinos de forma más drástica que los círculos informativos.
Además del modelo “de advertencia” con octógonos negros, en el mundo se implementaron otros esquemas. Enfocado en los nutrientes, el sistema de “Guías Diarias de Alimentación” considera la composición nutricional de los alimentos (grasas, sodio, azúcar, entre otros) e informa qué porcentaje recomendado de consumo diario se incluye en una porción o producto.
Fue desarrollado por la industria de alimentos y se implementó en algunos países (Estados Unidos, Costa Rica, Tailandia). De este esquema se desprende el modelo de “semáforo”: además del porcentaje, se utiliza un esquema de colores que identifica las categorías baja (verde), medio (amarillo) y alta (rojo) en cada nutriente; suele no incluir valores diarios recomendados, valores absolutos o porcentajes.
Otros esquemas incluyen el “etiquetado de resumen”, que ofrecen una suerte de puntaje o evaluación global de los alimentos a partir de su composición, sin incluir detalles o valores absolutos. En este marco se implementaron sistemas como el “Health Star Rating”, que califica los productos según una escala de estrellas (Australia y Nueva Zelanda), el sistema de “Cerradura” (Suecia y Dinamarca) o el “Nutriscore”, que califica a los alimentos con una escala de A a E, similar al que se implementa localmente con los electrodomésticos y la eficiencia energética.