Veterano de 1.000 batallas culturales y políticas, el 20 de octubre de 2000 Ernesto Sabato hizo una visita a LA GACETA, donde fue recibido por el director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein (foto central). El escritor, entonces de 89 años, había venido a Tucumán por el espectáculo “El romance de la muerte de Juan Lavalle”, cuyo guion había escrito y que contaba con música de Eduardo Falú. La obra fue presentada el sábado 21 en un escenario montado en las escalinatas de Casa de Gobierno frente la plaza Independencia. El guitarrista acompañó a Sabato en la visita a nuestro diario.

Sobre el “Romance...” había entregado una declaración a los medios de prensa en la que señalaba que desde hacía tiempo querían presentar la obra en Tucumán, pero que no lo habían hecho con anterioridad por “una convicción ética y espiritual que nos lo impedía mientras la presencia en el poder de ciertos individuos enturbiase las instituciones democráticas, constituyéndose, además, en un agravio a la memoria de miles de hombres y mujeres que fueron brutalmente asesinados durante la última dictadura”. También dijo que sentía gran emoción de llegar a esta provincia donde habían tenido lugar la gesta de Manuel Belgrano y “acontecimientos fundamentales de nuestra historia”. “Siempre he sentido admiración hacia esta raza de hombres que no se permiten claudicar ante los valores éticos y los ideales (...) La encrucijada frente a la cual se encuentra nuestra tierra nos exige actos semejantes”.

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Sabato, nacido el 24 de junio de 1911, había comenzado su vida en la ciencia, como físico, pero después dejó todo para dedicarse a la literatura y publicó, entre otras coas, “Uno y el universo” (1945), “El túnel” (1948), “Sobre héroes y tumbas” (1961) y “Abbadón el exterminador” (1974). En 1983 encabezó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), para investigar las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Ya maduro, escribió su “testamento espiritual”, “Antes del fin” (1998) y “La resistencia” (2000).

Desde el surgimiento de LA GACETA Literaria (1949) había sido colaborador del suplemento. “Tengo la mejor de las impresiones del diario. Es uno de los pocos que supo mantener su equilibrio”, dijo en la visita. “Es muy grato volver a Tucumán. Hace tiempo que no vengo, pero siempre guardo una parte de esta provincia en mi corazón”.

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Sabato, que años antes había dicho en “La Razón” que un mundo manejado por artistas sería “tal vez más desordenado, pero más vivible”, contó a LA GACETA que ya no escribía como antes. “Desde hace tiempo estoy dedicado a la pintura. Es mucho más sana que la Literatura. Con ella he recuperado parte de mi felicidad primigenia. De hecho, ya he realizado varias exposiciones”. Mientras hablaba, gesticulaba con las manos, como si estuviera dibujando sus palabras en una tela que no se llenaba nunca (segunda foto, donde está con Falú y con Dessein).

Concluyó la entrevista contando que el calor del octubre tucumano no lo había dejado descansar bien. Aunque aseguró que en materia de salud, todavía tenía “para 15 años más. Pero siempre pintando”. Estuvo cerca de que se cumpliera su pronóstico. Sabato fallecería el 30 de abril de 2011, cuando le faltaba menos de un mes para cumplir los 100 años.