Desde la Conferencia Episcopal Argentina, con mucha sabiduría y con enorme acierto, los Obispos pidieron que en la misa que se celebrará en Córdoba durante la visita papal, esté presente la cruz que el curita Brochero, el primer santo argentino, mandó a confeccionar. La cruz posee una singularidad y un mensaje que interpela y estremece, porque fue pensada con un propósito trascendente. Se trata de una cruz trabajada en álamo y en la que el rostro de Cristo tiene los rasgos del lugareño, del hombre de la sierra, del gaucho sufriente; con este símbolo Brochero sólo pretendía mostrar que Cristo está presente en el otro, en el prójimo sufriente, en el postergado, el enfermo, el leproso que se encontraba excluido. Este curita de alma santa, quiso guiar al artista sagrado para que pudiera tallar el Cristo que él veía cuando oraba, cuando leía el Evangelio, cuando tomaba mates con un paisano en un rancho olvidado, cuando trabajaba con la sotana arremangada a la cintura... Seguro que esta cruz viene a ejemplificar el viaje de este hombre santo de Dios, el papa León XIV, peregrino de un mundo caótico, huésped transitorio por unos días en la Argentina, un país atravesado por el odio y las divisiones. Como hombre formado en el espíritu de San Agustín, el papa León XIV en toda su prédica nos invita a potenciar el bien, para que no tenga cabida el mal; es la alternativa agustiniana cuando se refiere a la oscuridad como la ausencia de luz y sin entidad propia. La Luz que es como emisaria del Bien y que debe guiarnos: “Si la Luz que hay en ustedes se apaga, cuánta oscuridad habrá”, versa el Sermón de la montaña. La luz que permite discernir ante el avance de las guerras, de las adicciones, de los suicidios, de la IA en sus aspectos deshumanizados, de los odios estructurales y de las indiferencias sistemáticas ante el dolor del hermano. Es lo que hizo Brochero cuando llenó el alma de los feligreses de un bien que abarcó todos los espacios del analfabetismo y la inmoralidad, proponiendo sus tandas de ejercicios espirituales para que los gauchos rústicos y analfabetos llenasen sus días de disciplina y de esperanza, de amor y de fe. ¿Cómo elevar la cruz de Brochero para que podamos reconocernos como hermanos de una patria que no puede visualizar en el otro a un hermano? ¿Podrán cesar el odio y las discrepancias ante la mala distribución de las riquezas y con la mitad de los niños pobres, en un país rico? Que el camino de la cruz nos impregne del bien que necesitamos, en estos días de visita papal y que el espíritu del querido Francisco, presente por siempre en nuestras luchas por un mundo más justo, nos aliente a no abandonar la esperanza.
Graciela Jatib
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