Era una típica mañana de septiembre, ventosa y con clima agradable por ese sol que acariciaba las calles tucumanas desde muy temprano. En distintos puntos de la capital estaban ocultos unos 300 efectivos de la Policía Federal, de Gendarmería Nacional y de la Policía de Tucumán que esperaban una orden para “copar” La Costanera. El objetivo era desarticular la red de narcomenudeo que Rogelio “El Gordo” Villalba había logrado extender por ese barrio. A las 8.30, el considerado “Rey del Paco” ya estaba detenido. El domingo se cumplirá una década de ese procedimiento y el líder de esa organización, señalado por los investigadores como uno de los hombres que impulsó el narcomenudeo en la provincia, sigue sin ser enjuiciado.
“Ellos siempre ganan. Tienen los contactos para que nunca les pase nada. Mientras tanto, los chicos siguen muriendo por las porquerías que venden”, indicó Lucía Fernández, vecina de ese barrio que estuvo marcado -y estigmatizado- por el consumo del paco y de la pasta base. “Sí, estuvo un tiempo en la cárcel, pero su gente siguió vendiendo. Basta con recorrer las calles del barrio y cualquiera se da cuenta de que no cambió nada”, añadió la mujer, que dijo haber perdido el miedo porque dos de sus hijos se ahorcaron cuando atravesaban crisis de abstinencia.
“El Gordo Rogelio” comenzó a ser mencionado por los investigadores a partir de 2006. Él había quedado al frente de la organización que creó Hugo “El Rengo Tévez” Ordóñez, asesinado por la pareja de una amante. Algunos dicen que el liderazgo fue “heredado”; otros, que lo tomó por la fuerza, generando terror a balazos limpios. Pero, más allá de las dudas, los investigadores sostuvieron que fue él quien impulsó la venta del paco y de la pasta base en ese y otros barrios de la periferia.
En ese tiempo, las autoridades del gobierno de José Alperovich negaban la existencia del consumo de esas sustancias porque, según sostenían, en Tucumán no había cocinas -laboratorios- y, por ende, no había manera de que los residuos de la producción de cocaína se comercializaran en las calles de la provincia. Mientras tanto, mujeres de la zona se unieron y crearon el colectivo “Las Madres del Pañuelo Negro”, con el único objetivo de denunciar la venta de droga, pedir la creación de centros de rehabilitación y advertir sobre una posible tragedia social por el crecimiento del consumo.
Un claro mensaje
Durante la presidencia de Mauricio Macri, con Patricia Bullrich como ministra de Seguridad de la Nación, hubo un fuerte cambio en la política de seguridad. Las autoridades nacionales consideraron que el narcotráfico era una seria amenaza para el NOA. En julio de 2016, coincidiendo con el Bicentenario de la Declaración de la Independencia, la funcionaria creó en Tucumán la Agencia Regional de la Policía Federal y decidió darle total autonomía a la División Antidrogas. Cuando estos cambios no eran más que una idea, ya había dado precisas instrucciones para luchar contra las organizaciones que comercializaban drogas. Una de ellas era la de “El Gordo Rogelio” que, por la lucha de esas mujeres que habían sufrido amenazas, había alcanzado trascendencia nacional.
Al mando de los comisarios Ramón Hernández y Jorge Luján -retirados polémicamente de la fuerza-, los efectivos comenzaron a investigar a Villalba. Establecieron que era el líder de una organización que recibía hasta dos kilos de pasta base por semana procedente de Orán. Según la investigación, a esa sustancia la estiraban hasta siete veces para comercializarla y obtener una ganancia de hasta U$S 258.000 mensuales.
El juez federal Daniel Bejas autorizó a los investigadores a realizar escuchas telefónicas. Así descubrieron que “El Gordo Rogelio” había comprado dos kilos de pasta base y que una “capsulera” se los traería en algún momento. Las dudas surgían porque las intervenciones de los teléfonos de los sospechosos no eran en tiempo real.
El sistema era complejo. En Buenos Aires se grababan todas las conversaciones que mantenían los acusados. Esa oficina entregaba un CD y un pesquisa, que viajaba hasta esa jurisdicción para acelerar el proceso, desgrababa las conversaciones y comunicaba a sus compañeros los resultados. Han pasado 10 años desde esa investigación y se sigue utilizando el mismo método.
Pese a todas las complicaciones, el 27 de septiembre de 2016, más de 300 efectivos coparon la Costanera. Detuvieron a la mula que transportaba la droga, a “El Gordo Rogelio”, a su esposa, Norma Ruiz, y a su hija, María Almaraz. Ese, en principio, era el fin del “Rey del Paco”. Pero en Tucumán nunca hay que decir nunca.
Una década sin juicio
Como la ley de narcomenudeo aún no estaba vigente en la provincia, el caso quedó en manos de la Justicia Federal. El fiscal de ese fuero, Carlos Brito (ya jubilado), pidió que Villalba y sus parientes fueran enjuiciados. Luego de los distintos planteos realizados por las defensas, en 2019 Villalba recuperó la libertad por haber permanecido más de dos años sin ser enjuiciado. Ese día, en la Costanera, se organizó una fiesta de bienvenida que incluyó un show de fuegos artificiales y, según fuentes vinculadas al caso, hasta se habrían repartido dosis gratis entre los mejores clientes.
Según confiaron fuentes judiciales, “El Gordo Rogelio” llegó a tener cuatro causas por drogas abiertas al mismo tiempo. Una de ellas, que sería por tenencia, ya prescribió. Las otras aguardan que se fije una fecha de juicio, pero, por las vacantes que hubo en la Justicia Federal, nadie sabe a ciencia cierta si el debate se hará este año.