El 2 a 0 puede parecer una diferencia demasiado corta para explicar lo que ocurrió en el Nuevo Gasómetro. En realidad, fue al revés: el resultado se quedó corto. Boca no necesitó golear para demostrar que está varios pasos por delante de San Lorenzo. La diferencia estuvo en el juego, en las herramientas y, sobre todo, en la sensación de hacia dónde va cada uno.
Boca está en ascenso y San Lorenzo, cada vez más abajo.
El equipo de Rodolfo Arruabarrena construyó una victoria que no dependió de una genialidad aislada ni de una ráfaga de inspiración. La edificó desde el comienzo, con presión, circulación y laterales lanzados al ataque. Leandro Paredes manejó los tiempos con una comodidad llamativa, Santiago Ascacíbar apareció una y otra vez por sorpresa y Miguel Merentiel tuvo varias oportunidades antes de finalmente convertir. Leandro Lozano y Lautaro Blanco fueron salida permanente por las bandas.
El dato más contundente está en que Boca tuvo el 70% de la posesión y generó una diferencia enorme en situaciones de peligro. El 0 a 0 del primer tiempo fue, para el visitante, casi un castigo a su propia falta de eficacia y, para San Lorenzo, un premio inesperado.
Ahí aparece una de las diferencias más importantes entre los dos equipos. Boca puede jugar mal un tramo y seguir teniendo argumentos para volver a imponerse. Tiene jugadores capaces de resolver, pero también una estructura que sostiene el funcionamiento. Cuando una vía no alcanza, aparece otra.
El gol de Lozano fue una muestra de eso. Una circulación que comenzó con Flores terminó con el lateral uruguayo llegando libre para definir desde la puerta del área. El segundo tuvo otra fórmula: Blanco aceleró, encontró el espacio y puso la pelota donde Merentiel debía estar.
Boca no se desesperó cuando el gol no llegaba. Siguió ocupando campo rival, siguió moviendo la pelota y encontrando espacios.
Del otro lado, San Lorenzo ofreció una imagen mucho más preocupante que la de un equipo simplemente superado por un rival mejor.
Porque el problema no fue solamente perder contra Boca. El problema fue no encontrar respuestas mientras el partido pedía cambios.
La expulsión de Manuel Insaurralde, en el minuto 30, dejó todavía más expuesto algo que ya se veía. San Lorenzo tenía demasiados defensores y pocos jugadores para disputar el centro del campo. Los tres centrales se repartían el control de Merentiel mientras Paredes, Ascacíbar y Delgado encontraban espacios para manejar la pelota.
Después de la roja, el escenario pedía modificar esa estructura. Sacar un defensor, formar una línea de cuatro, sumar un mediocampista y tratar de recuperar algo de la pelota. San Lorenzo, sin embargo, mantuvo buena parte del dibujo original. Y Boca siguió haciendo lo que quería.
Eso explica por qué el clásico terminó funcionando como una radiografía de los dos presentes. Boca tiene una idea y jugadores para ejecutarla. San Lorenzo tiene una idea que, cuando el partido se le pone en contra, parece dejarlo sin demasiadas alternativas.
La línea de "5" terminó siendo casi un símbolo porque, en este partido, el dibujo terminó ocupando un lugar más importante que las necesidades del juego. San Lorenzo tenía gente donde Boca no necesitaba ser controlado y estaba en inferioridad justamente donde el rival estaba construyendo su dominio.
San Lorenzo resistió durante buena parte del partido. Boca, en cambio, jugó para ganarlo. Y esa diferencia es enorme.
El equipo de Arruabarrena se fue del Nuevo Gasómetro con la confirmación de que tiene recursos para seguir creciendo. Está prendido en distintas competencias, cuenta con futbolistas capaces de asumir responsabilidades y encontró una forma de jugar que le permite dominar partidos aun cuando la eficacia no aparece de inmediato.
San Lorenzo se fue con preguntas que no parecen nuevas. Cada partido que pasa, necesita más respuestas y encuentra menos. Cuando el contexto cambia, le cuesta reaccionar. Cuando tiene que atacar, le faltan argumentos. Cuando debe defenderse, termina demasiado cerca de su arco. Y cuando aparece una expulsión o una contingencia, el equipo no siempre encuentra una solución futbolística.
Boca parece estar construyendo algo, San Lorenzo da la sensación de estar intentando sostener lo que ya no alcanza. Y en el fútbol, tarde o temprano, esa diferencia termina apareciendo en el resultado.