“Pensar Tucumán en grande”. La expresión es atractiva, pero por sobre todo debemos definir qué provincia queremos construir en los próximos veinte años y cuáles son las decisiones estratégicas que no podemos seguir postergando.

Tucumán es una provincia pequeña, densamente poblada y con una extraordinaria diversidad ambiental y productiva. Esa condición exige planificación. No podemos continuar creciendo sobre la base de decisiones aisladas, donde un emprendimiento inmobiliario, una industria, una obra vial o una expansión urbana se deciden sin considerar sus efectos sobre el agua, el suelo, la producción, el turismo y el ambiente.

El primer gran eje debería ser el agua. Proteger las Yungas no es solamente conservar bosques y biodiversidad. Es proteger las fábricas naturales de agua de la provincia. Las montañas, los bosques y las cuencas están directamente vinculados con el abastecimiento de nuestras ciudades y con buena parte de nuestra producción. Por eso, una política de protección de las Yungas debería formar parte de una verdadera estrategia provincial de seguridad hídrica.

Al mismo tiempo, Tucumán debe asumir con decisión el desafío de mejorar la calidad de sus aguas y de su aire. El desarrollo económico no puede medirse únicamente por lo que producimos, sino también por los impactos que genera esa producción. Necesitamos medir, controlar y reducir las distintas formas de contaminación, haciendo de la información ambiental una herramienta permanente para la toma de decisiones.

Otro desafío es transformar nuestra mirada sobre los residuos sólidos urbanos. No todo lo que descartamos es basura. Una parte puede convertirse en materia prima, compost, energía, materiales recuperados o nuevos productos. La economía circular puede ser, además de una solución ambiental, una fuente de empleo, innovación y nuevas empresas. El objetivo debería ser pasar de una cultura de “desechar” a una cultura de recuperar y producir valor.

El ordenamiento territorial debe ocupar también un lugar central. En una provincia pequeña no podemos improvisar dónde se urbaniza, dónde se produce, dónde se conserva y dónde se instala la industria. Necesitamos anticiparnos al crecimiento y establecer reglas claras que protejan el suelo productivo, los espacios naturales, las zonas de riesgo y las áreas destinadas al desarrollo urbano. No se trata de enfrentar producción y ambiente, sino de ordenar el territorio para que ambos puedan convivir.

La diversificación energética ofrece otra oportunidad. Tucumán tiene condiciones para desarrollar nuevas fuentes de energía, pero debemos hacerlo atendiendo también las externalidades de los procesos productivos. No alcanza con generar energía a partir de biomasa si al mismo tiempo no resolvemos adecuadamente los efluentes y residuos asociados, como las vinazas. La energía del futuro debe ser más diversificada, pero también más limpia y eficiente.

Y hay un territorio que merece una mirada especial: el Este tucumano. Allí existen oportunidades que todavía no hemos desarrollado suficientemente: energía solar, aprovechamiento del sector tucumano del dique Frontal, fuentes geotermales, nuevos cultivos adaptados a tierras salinas y otras actividades productivas y turísticas. No se trata de llevar al Este el mismo modelo del resto de la provincia, sino de descubrir qué desarrollo es posible a partir de sus propias características.

Finalmente, todos estos desafíos requieren una articulación mucho más fuerte entre ciencia, tecnología, inversión pública e inversión privada. Tucumán tiene universidades, institutos científicos, investigadores, empresas y profesionales de enorme capacidad. Muchos de ellos debutan hoy en el mundo. El desafío es conectar ese conocimiento con los problemas concretos del territorio y transformarlo en innovación, nuevas empresas, empleo y soluciones.

Pensar Tucumán en grande, entonces, debería significar pensar más allá de una gestión y más allá de un período electoral. Significa acordar algunos grandes objetivos que puedan sostenerse durante décadas.

Agua, ambiente, residuos, territorio, energía, desarrollo del Este y conocimiento.

Esos podrían ser algunos de los pilares de una agenda tucumana para los próximos 20 años.

Porque el verdadero desafío no es solamente preguntarnos qué Tucumán tenemos hoy, sino decidir qué Tucumán queremos entregar a quienes lo habitarán en 2046.