San Martín de Tucumán perdió 4-2 ante Atlético Rafaela y dejó una explicación futbolística concreta: el equipo de Alejandro Orfila logró atacar con peligro, pero no consiguió controlar los espacios cuando debía defender. El “Santo” tuvo argumentos para lastimar, pero cada ventaja quedó expuesta por una estructura defensiva que la “Crema” supo atacar.
San Martín estuvo dos veces arriba en el marcador, pero terminó cayendo ante Atlético de RafaelaOrfila dispuso un 4-2-1-3, con Gabriel Carabajal como enlace, Alan Cisnero y Bruno Cabrera bien abiertos y Mauro Verón como referencia de área. La intención fue clara: amplitud y tres jugadores por delante de la línea de volantes. En los primeros minutos, el plan funcionó. San Martín encontró terreno para correr y, cuando pudo avanzar con velocidad, generó peligro. Así llegó el 1-0 de Cisnero, después de recibir cerca del área y definir al segundo palo.
El problema apareció después. Rafaela entendió que no necesitaba elaborar demasiado para encontrar las grietas del visitante. El equipo de Fernando Quiroz utilizó un 4-3-3 y buscó ataques verticales, con envíos largos y movimientos hacia los sectores donde San Martín mostraba mayor fragilidad. El primer empate nació de un lateral: la pelota cayó dentro del área, la defensa no logró despejar y Lucas Albertengo aprovechó el desconcierto. La escena se repitió. San Martín volvió a ponerse arriba con una acción individual de Cabrera, que aprovechó un pelotazo largo, pero otra vez no pudo sostener la ventaja. Un lateral desde mitad de cancha derivó en una peinada de Albertengo que dejó a Joel Bonifacio con ventaja. La defensa quedó mal parada y el delantero volvió a empatar.
“Me voy con la frente en alto”: “Fosa” Ferreyra se despidió de San Martín con un posteo en las redesAhí aparece uno de los puntos centrales del análisis: Rafaela no necesitó una superioridad sostenida para marcar diferencias. Le alcanzó con atacar rápidamente después de determinadas acciones y explotar una defensa que tuvo problemas para acomodarse ante pelotas cruzadas, segundas jugadas y envíos directos. San Martín defendió demasiado hacia atrás en algunos momentos y no siempre consiguió controlar las zonas donde aparecía Albertengo.
En el complemento, el “Santo” tuvo un comienzo auspicioso. Cabrera y Cisnero estuvieron cerca del tercero y el equipo consiguió adelantar sus líneas. Sin embargo, esa búsqueda también implicaba riesgos. San Martín necesitaba atacar, pero no terminó de encontrar el equilibrio entre progresar y quedar protegido ante una pérdida.
El quiebre llegó a los 20 minutos. Una falta innecesaria de Alejandro Galván cerca del área permitió que Agustín Obando ejecutara el tiro libre. Albertengo ganó y puso el 3-2. Otra vez una pelota detenida expuso problemas de concentración y marcaje. Fue una muestra de una dificultad repetida durante el partido: Rafaela encontraba soluciones sencillas ante una defensa vulnerable.
Después del tercer gol, el partido cambió. San Martín adelantó sus líneas, pero perdió claridad. Carabajal fue perdiendo influencia; Verón quedó aislado y las modificaciones de Orfila no lograron cambiar la dinámica. El equipo comenzó a atacar más por obligación que por convicción, con centros previsibles y aproximaciones que no terminaron de inquietar a Mayco Bergia.
San Martín y una prueba que vale mucho: así juega Atlético de Rafaela, el primer rival directo por un lugar en el ReducidoRafaela, en cambio, aprovechó el escenario. Los ingresos de Juan Cavallaro y Enzo Wuattier le dieron aire y capacidad para sostener las transiciones. Con San Martín obligado a buscar el empate, aparecieron espacios para correr. El cuarto gol de Alexis Rodríguez, ya en tiempo de descuento, fue la consecuencia lógica de ese contexto: el “Santo” estaba partido y la “Crema” encontró campo para liquidarlo.
La derrota, entonces, no se explica únicamente por la eficacia de Rafaela ni por los errores individuales. San Martín tuvo un funcionamiento ofensivo capaz de generar cuatro o cinco momentos peligrosos, pero defensivamente mostró una fragilidad que condicionó todo lo demás. Estuvo dos veces arriba y no pudo administrar ninguna ventaja. Cuando quedó abajo, tampoco encontró respuestas para modificar el desarrollo.
El desafío de Orfila pasa por corregir ese desequilibrio. Un equipo puede atacar bien y ponerse en ventaja, pero si no defiende los espacios, controla las segundas jugadas y sostiene la concentración, cualquier partido puede transformarse en una carrera cuesta arriba. En Rafaela, San Martín tuvo fútbol para competir, pero no la estructura defensiva necesaria para sostenerlo.