PARÍS, Francia.- La segunda economía de la Unión Europea está atrapada en el engranaje de una deuda colosal cada vez más costosa, hasta el punto de hacer temer un “efecto contagio” dentro del bloque. Desde hace meses, desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por Alemania, las tasas de interés de los Estados se disparan por el aumento de precios de la energía por la guerra en Medio Oriente. “Francia es la más expuesta”, indica Kevin Thozet, del gestor de activos Carmignac, que cita una deuda pública y un déficit entre los más elevados de la eurozona, así como un Parlamento fragmentado.

La deuda pública alcanzó el 117,5% del PIB (3,5 billones de euros, 4,01 billones de dólares) a fines de marzo y el gobierno estima que el déficit público se situará en el 5,4% del PIB en 2026, casi el doble del límite fijado por las reglas europeas.

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Francia vio además cómo el rendimiento del bono soberano a 10 años subía hasta el 4,50% a mediados de septiembre, nunca visto desde 2008, en un contexto de incertidumbre política a siete meses de la elección presidencial. Este nivel, que supera el de Italia, España y Grecia, encarece el costo de la deuda pública, estimado en 65.000 millones de euros en 2026 (74.000 millones de dólares), es decir, más que las partidas de Educación o Defensa (sin contar las pensiones).

“País casi periférico”

“Francia pasó de ser un país en el corazón de la zona euro a un país casi periférico”, afirma Maxime Darmet, economista de Allianz Trade. Ella pone como ejemplo el aumento el viernes hasta los 100 puntos básicos del muy observado diferencial (”spread”) entre los tipos de interés a 10 años de Francia y de Alemania (4,5% frente a 3,5%), señal de “una creciente preocupación de los inversores”.

La amenaza del efecto bola de nieve se cierne: el endeudamiento aumenta automáticamente cuando el costo medio de la deuda crece más rápido que el crecimiento económico (inflación incluida), que el gobierno prevé en un 0,5% en 2026.

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“Durante mucho tiempo”, el país se benefició de “una cierta tolerancia hacia (sus) desvíos presupuestarios porque se trataba de Francia y porque Europa era Francia y Alemania”, comenta Kevin Thozet.

Pero los inversores internacionales, que poseen alrededor del 56% de la deuda francesa, “empiezan a darse cuenta”, prosigue. Propuestas como la del líder de La France Insoumise (LFI, izquierda radical), Jean-Luc Mélenchon, de anular parte de la deuda “les hacen fruncir un poco el ceño”. Pese a estas fragilidades crecientes, la deuda francesa sigue siendo muy apreciada por los inversores y no representa, en esta fase, “un riesgo sistémico”, matiza David Zahn, del gestor de activos Franklin Templeton.

Si la situación se deteriora, visto el peso económico de Francia, una crisis más importante podría sacudir al conjunto de la zona euro.

Darmet teme un “efecto contagio” si el spread alcanza los 120-130 puntos básicos por un nuevo descontrol presupuestario, un debilitamiento más acusado de la economía, un bloqueo político o medidas económicas consideradas poco creíbles.

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No obstante, la zona euro es “mucho más sólida” que durante la crisis de las deudas soberanas de los años 2010: países como Portugal sanearon sus cuentas y, aunque sigue siendo frágil, Italia es más resiliente, estima el economista. Y “los mercados, con razón o sin ella, piensan que el Banco Central Europeo intervendrá si realmente se disparan los spreads”.