La historia argentina pone a Tucumán no sólo como el centro gravitacional de una provincia en la que, hace 2016 años se declaró la Independencia del país. También ha sido el eje de todo el movimiento del Noroeste Argentino (NOA), tanto por su cultura, tradiciones y por haberse convertido en el polo del consumo regional. Sin embargo, la pujanza de las provincias vecinas ha puesto en debate el rol que le cabe a cada una en el desarrollo socioeconómico de la zona. El crecimiento de cada distrito ha sido heterogéneo y unas más que otras han sacado provecho de su riqueza natural.

Recientemente, la Fundación del Tucumán ha lanzado una consigna que interpela acerca del compromiso, las responsabilidades y las acciones que cada sector de la vida tucumana pueden ejecutar para recuperar no sólo el liderazgo regional, sino también el crecimiento de una provincia que, siendo geográficamente la más pequeña, su capital humano la catapulta como potencialmente grande para modificar su imagen.  

Las grandes transformaciones no se dan por esfuerzos individuales, sino que llevan una impronta colectiva, de comunidad. De una buena vez, ese proceso debe ser pensado a 20 años, de largo plazo y no atarse demasiado a las coyunturas. “No como plan de un gobierno, proyecto de un partido o agenda exclusiva de un sector, sino como una visión de provincia basada en un diagnóstico serio, objetivos fundamentales y capacidad de sostenerse y adaptarse en el tiempo”, dijo el presidente de la Fundación del Tucumán, Sebastián Budeguer, en oportunidad del Encuentro Anual de Empresarios.}

Tucumán cuenta con varias universidades, centros de investigación reconocidos, empresas, industrias, emprendedores, profesionales y una importante tradición productiva. Hay conocimiento, experiencia y talento. El desafío es conectar mejor todo ese potencial, acotó el economista.

La visión de largo plazo no es una meta imposible; solo requiere esfuerzo colectivo, despojado de intereses mezquinos, pensando en el otro, en el propósito de alcanzar acuerdos que vayan más allá de un turno electoral y que trasciendan en el tiempo sin necesidad de modificarlos por intereses sectoriales o personalistas.

El aporte de la Fundación del Tucumán no se plantea como reemplazo del Estado ni como definición unilateral de una agenda, sino como capacidad de conectar, convocar y articular para transformar conversaciones en acciones concretas y sostenidas. Ese tipo de encuentros suele formar parte de los discursos de campaña de la política y también de las entidades intermedias pero, por una razón o por otra, quedan en el olvido.

Tucumán se encuentra ante la posibilidad de cambiar el chips, dejando para otro momento la discusión, con el fin de anteponer los intereses de todos para un mejor tránsito hacia el desarrollo. La sociedad espera de la dirigencia más que palabras. Añora con que se hallen las soluciones a los principales problemas que postergan a la provincia.