En el cinturón citrícola de Florida, donde hileras de huertos que alguna vez fueron productivos ahora aparecen raleadas y debilitadas por el Huanglongbing (HLB), un nuevo tipo de intervención está pasando silenciosamente del laboratorio a las plantaciones comerciales.

La herramienta central es un virus, diseñado para convertir a los propios árboles en una fuente de defensa contra las enfermedades, de manera similar a lo que ocurre con las vacunas modernas, indica la nota publicada en Portalfruticola.com. El enfoque busca contribuir a la lucha contra el HLB, una enfermedad que devastó la industria citrícola del estado durante las últimas dos décadas.

La empresa Silvec Biologics, con sede en Maryland, desarrolló una versión modificada del virus de la tristeza de los cítricos para “inocular” los árboles e inducirlos a producir un péptido antimicrobiano natural presente en la espinaca, denominado “defensina”.

Según el presidente y cofundador de la compañía, Rafael Simon, este compuesto demostró reducir los niveles de HLB y proporcionar protección a largo plazo sin modificar el genoma del árbol. El producto fue recientemente registrado para su uso comercial sin restricciones bajo la Ley Federal de Insecticidas, Fungicidas y Rodenticidas de Estados Unidos, administrada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

“Hay productores de tercera y cuarta generación que sienten una enorme pasión por este cultivo, y cuando recorrés el centro de Florida ves interminables hileras de árboles muertos. Es desgarrador”, señaló Simon al explicar la motivación de la empresa para desarrollar esta solución.

Los virus son extremadamente eficaces para infiltrarse en las plantas, replicarse y aprovechar la maquinaria celular para producir las proteínas que necesitan para sobrevivir, explicó Simon. La tecnología de Silvec aprovecha precisamente esta característica mediante la inserción de una secuencia genética específica en el virus, y luego deja que este haga el trabajo.

“A medida de que se propaga por las células de la planta, no solo continúa con su proceso natural de replicación, sino que también induce a la planta a producir la proteína terapéutica que hemos introducido. En esencia, engañamos a la planta para que sintetice la proteína que necesita para curarse a sí misma”, explicó Simon.