Leí con atención la carta de la Lectora Hilda Cristina Ponce (16/09) y, a pesar de no coincidir con su admiración por Sarmiento (desde mi punto de vista, diseñador - junto a Mitre - del país con mentalidad colonial que tenemos, desde la Historia, Mitre y desde la Educación, Sarmiento), hay puntos en los que sería sumamente necesario profundizar, sobre todo los relacionados con la identidad y sentido de pertenencia con el lugar que habitamos, valores y principios que desde la Escuela se deben alimentar en nuestras Infancias y Juventudes. Las políticas educativas no pueden ni deben ser diseñadas solo por el sector político, sino además, junto con el sector docente primario, secundario y universitario, todos juntos (que se entienda). Porque la Universidad debe indicarle al nivel secundario qué estudiantes necesita recibir (hablo de preparación y conocimientos) y éste, hacer lo propio con el nivel primario. Dice Hilda en su carta: “…los países con alto rendimiento en pruebas internacionales tienen una docencia de élite, con salarios altos -mejor no hablemos de nuestras “capacitaciones” o entraremos en terreno pantanoso” y “Por esto, allí es natural la evaluación anual a docentes, como instrumento de información para su mejora”. Creo, mirándolo como padre y ciudadano, que el principal problema es que hablamos de los otros y preferimos callar sobre los nuestros. Docentes culpando a la política; política poniendo el foco en docentes y, en el medio, infancias y juventudes viendo el cuestionario de una prueba que no pueden responder, directamente, porque no saben y hasta porque no logran interpretar las preguntas. Hay que tomar conciencia sobre esta realidad que vivimos, Hilda: estamos en medio de un pantano y - para salir de él - mejor es hablar, para diseñar un plan sustentable en el tiempo, no solo para salir, sino también, para no volver a caer en él.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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