Todavía se escuchan los golpes contra las paredes del vestuario de Atlético en el estadio de Los Andes. Adentro, los jugadores festejaban eufóricos; afuera, Julio César Falcioni les dedicaba el triunfo durante la conferencia de prensa. Es más: algún hincha que todavía no terminó de vaciar la conservadora, intenta ponerse al día con lo que dejó pendiente en el trabajo y no consigue borrarse la sonrisa. No hacen falta demasiadas horas para comprobarlo: que Atlético vuelva a estar entre los cuatro mejores del país cambió el ánimo de todos.
Y detrás de esa alegría que todavía se extiende también aparece otra certeza. Hasta hace no mucho se hablaba de que el equipo de Falcioni estaba en evolución, en crecimiento. Pero en estos últimos tres partidos el “Decano” pareció desbloquear otro nivel. Venció a Racing, cayó frente a River y derrotó a Independiente Rivadavia. Más allá de los resultados, dejó la sensación de haber competido de igual a igual en los tres encuentros. Entonces, después del golpe de anoche, lo de este equipo ya no parece ser solamente un proceso: es una realidad. Una identidad que, ahora sí, empieza a mostrarse consolidada.
Todavía quedarán algunos deberes. Volver a ganar como local después de más de cinco meses y, por supuesto, no perderle pisada a la tabla de promedios, que aun con los puntos importantes sumados en las últimas fechas continúa apretando de cara a la próxima temporada. Pero se trabaja con otro aire cuando las cosas empiezan a salir. Y mucho más cuando las fórmulas empiezan a encontrarse.
Porque Falcioni, además, hace tiempo que encontró una base en el “11” titular. Incluso en estos últimos tres partidos repitió el mismo equipo, pese al desgaste acumulado y a las dudas que podía haber dejado la derrota contra el “Millonario”. Esa fórmula se encontró, se respaldó y empezó a dar resultados. Lo distintivo es que no solamente respondieron quienes comenzaron desde el arranque: el banco también entregó soluciones.
Contra la “Academia” lo ganó en la última jugada, con una acción que armó Gabriel Compagnucci y definió Ramiro Ruiz Rodríguez, ambos ingresados desde el banco. Frente a River volvió a entrar bien “RRR”, Alexis Canelo dejó grandes sensaciones y los dos participaron del empate transitorio. Y finalmente, contra la “Lepra”, Canelo se consagró como el gran revulsivo de la noche, convirtiendo un gol que difícilmente olvidará.
Después también convirtió su penal. Y lo mismo hizo Rodrigo Granillo, otro de los ingresados, que ejecutó con una templanza y una jerarquía impropias de alguien de su edad. Esa es otra gran noticia para Atlético. Y ojo: Falcioni ya lo demostró. Cuando empieza a darle confianza a un juvenil, lo hace en serio. Basta con mirar los casos de Luciano Vallejo, Leonel Vega y Lautaro Godoy.
Y un párrafo aparte merece otro de los grandes consagrados de la jornada: Luis Ingolotti. Con sus tres tapadas en la definición, terminó de ganarse el corazón de los hinchas, ese vínculo que se le había hecho esquivo durante la primera parte del año. Hoy el “Decano” volvió a sentirse representado en el arco. Y no es poco.
En 25 de Mayo y Chile desean que esta alegría se haga eterna
Así, el pasaje a semifinales de la Copa Argentina deja un sinfín de sensaciones. Por suerte para Atlético, casi todas positivas. Mientras espera por su próximo rival en el certamen -que saldrá del ganador de Platense y Estudiantes-, deberá volver a poner el foco en el torneo local, donde el lunes lo espera un duelo clave frente a Aldosivi y la obligación de seguir sumando.
Pero, otra vez, las responsabilidades se afrontan de otra manera cuando el ánimo es este. Cuando la cumbia de aquel vestuario todavía parece resonar en algún rincón del hotel donde se hospeda el plantel en Buenos Aires. Cuando los hinchas siguen con esa sonrisa medio boba, casi de enamorados. La ansiedad por lo que viene se transita distinto así. El deseo, ahora, es uno solo: que dure. Que se extienda. Que, si se puede, se haga eterna.