A buen entendedor, pocas palabras y, a democracia gritada, tiranía de la palabra. ¿Cómo pretender una convivencia democrática, cuando un presidente grita para sobreactuar supuestos logros; grita para aturdir a posibles oyentes de las voces disidentes; grita para imponer el discurso de la estigmatización y la criminalización del otro? Caen todos en la misma bolsa de los residuos éticos y morales del violento en la política, para quien - el pensar distinto - merece ser señalado como propio de un zurdo, comunista, kuka, ensobrado, chorros y corruptos. Del singular al plural… Porque de eso se tratan las tiranías, de agrupar tribus o manadas, victimizando a unas y criminalizando a otras, para que primero se miren como diferentes, luego pasen al estado de adversarios, hasta llegar al nivel de enemigo. La destrucción social y la de los lazos comunitarios hace imposible cualquier proyecto de país soberano y próspero, con igualdad de condiciones que permita la igualdad de oportunidades. Gracias a este “Manual de la Tiranía disfrazada de Democracia Gritada”, los programas de panelistas mediocres (pagados para hablar de todo y de todos, sin ningún conocimiento ni autoridad moral), siguen con buen rating y niveles de audiencias inagotables. Después de todo, lograron imponer un presidente de la Nación.

Javier Ernesto Guardia Bosñak 

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