Es común reenviar noticias a nuestros amigos sin cuestionar la veracidad de la fuente. La IA permite fabricar un audio o texto convincente, pero la costumbre de compartir sin preguntar de dónde salió viene de antes. Con Adepa reunida en Tucumán, tenemos una oportunidad de discutir cómo descentralizar esa responsabilidad y cómo diseñar políticas cívicas que promuevan la verdad en vez de la verosimilitud. Fernando Belzunce planteó hace unos días que “la verdad importe”. Comparto la preocupación. Ahora bien, pedirle a cada lector que verifique todo lo que recibe parece poco realista. Un docente puede advertir una generación de IA en su tarea; un vecino puede reconocer una foto manipulada de su barrio. Ese conocimiento local podría ayudar a la verificación de información, pero necesitamos arquitecturas digitales que faciliten agregar estas contribuciones y normas que incentiven tal comportamiento. Me interesa una respuesta donde los ciudadanos podamos participar; un problema de acción colectiva requiere la participación colectiva de los agentes afectados. ¿Qué necesitarían los medios para abrir esa colaboración? ¿Cómo hacemos para que una corrección llegue a quienes recibieron la noticia falsa? ¿Podemos alinear los incentivos de medios, privados y políticos con los cívicos para diseñar gobernanza efectiva contra información falsa?
Augusto Gonzalez-Bonorino
Chubut 3.100 - Yerba Buena