“Gracias al matrimonio, un hombre, por más pobre que sea, se puede dar el lujo de tener una sirvienta”. Una amarga reflexión que circula como fuerte crítica social en las redes, por lo general, en debates feministas.
En esta misma línea podríamos incluir a un concepto de viralización reciente: “hobosexualidad”. Aunque parezca, nada tiene que ver con una orientación sexual. Refiere a aquellas personas que inician o mantienen una relación romántica sin un interés genuino de conectar afectivamente con el otro. Por el contrario, sus intenciones son utilitarias y buscan solo un beneficio personal: alojamiento gratis, apoyo financiero, estabilidad material y, de paso, alguien que se ocupe de las tareas domésticas.
Por supuesto que el término “hobosexual” no pertenece al lenguaje científico, sino al popular. El prefijo “hobo” alude a la palabra en inglés que significa “vagabundo” o “indigente”.
Si bien la expresión puede ser nueva, describe un fenómeno probablemente muy antiguo, aunque documentado desde finales de los 70 por Thomas E. Murray, de la Universidad Estatal de Ohio. En su libro “The Language of Singles Bars” (“El lenguaje de los bares de solteros”) destacaba un perfil especial: personas sin hogar que iban a los bares y clubes nocturnos a buscar solteros vulnerables como una forma de conseguir un lugar donde vivir.
Por su parte, el norteamericano G. L. Williams, conductor de un podcast y autor del libro de 2023 “A Hobosexual You May Know: Stories of a Social Predator” (“Un hobosexual que quizás conozcas: Historias de un depredador social”), sentencia: “Aunque podría ser cualquiera, normalmente es un hombre que manipula a una mujer con mentiras, intimidad y orgasmos con el único propósito de conservar un lugar donde vivir”.
Señales de alerta
Estos aprovechadores son verdaderos maestros en el arte de manipular, valiéndose del encanto y del bombardeo amoroso (el famoso “love bombing”, demasiado bueno para ser cierto, que despliegan en los comienzos de la relación). Sus víctimas suelen ser personas sensibles, empáticas, complacientes y, desde luego, con una tendencia natural a cuidar y rescatar a los que están en la mala. Algunas señales de alerta que pueden revelar que se está frente a un hobosexual:
- Nunca regresan a su casa: en la primera etapa de la relación, la de las citas, de alguna manera se las ingenian para quedarse casi siempre a dormir en el lugar de la otra persona, convirtiéndose en huéspedes permanentes.
- Se mudan rápido: proponen la convivencia al muy poco tiempo (pueden ser días).
- Es raro que tengan un trabajo estable: presumen una historia laboral de lo más diversa. Y, por lo mismo, no tienen un ingreso fijo (aunque presentarán esta situación como una crisis temporal, por mala suerte o culpa de otros, que los hace necesitar ayuda).
- No aportan: como es obvio, no colaboran con los gastos de la casa ni participan de las tareas del hogar (para las que se declaran incompetentes).
- Relaciones efímeras: muchos de estos personajes tienen un pasado de varias parejas que un día llegaron a su límite y los echaron (aunque ellos, seguramente, contarán una versión que los coloca como las víctimas).
La serie “Dirty John”, basada en hechos reales, retrata muy bien un caso de conducta hobosexual extrema. Es la historia de Debra Newell, una exitosa empresaria y decoradora de interiores, quien se enamora de John Meehan, un supuesto médico anestesista que es, en realidad, un psicópata y estafador serial.