A comienzos de julio de 1956 el escritor tucumano Pablo Rojas Paz (1896-1956), residente en Buenos Aires, vino a la provincia para dar dos conferencias en el Colegio Nacional. Novelista, ensayista, cuentista, periodista, integrante del grupo Martín Fierro y fundador de la revista Proa junto a Ricardo Güiraldes y Jorge Luis Borges, una de sus obras, El caballo del ciego, era libro de texto en los colegios secundarios y sus notas sobre fútbol en el diario Crítica con el seudónimo de “El negro de la tribuna” habían sido “clásicos” periodísticos.

El 6 de julio visitó LA GACETA, acompañado por su esposa, Sara Tornú, y por la profesora María Eugenia Valentié. Fue recibido por el subdirector Daniel Alberto Dessein. Un día antes se había publicado una entrevista en la que habló del impacto de la literatura. “En general el provinciano está intelectualmente mejor equipado que el porteño. Mas a pesar de ello el escritor de provincia debe trabajar con más ahínco y necesita de un esfuerzo mayor para trascender en el ambiente nacional”, dijo.

En su conferencia sobre “La intimidad de la historia”, el escritor tucumano Pablo Rojas Paz, opinó que “el único testimonio espiritual que resta de una época determinada está constituido por las obras de arte de los escritores que crearon con el tiempo vivo de lo actual”.

En su conferencia sobre “La intimidad de la historia” opinó que “el único testimonio espiritual que resta de una época determinada está constituido por las obras de arte de los escritores que crearon con el tiempo vivo de lo actual”. Añadió que la historia no se ocupa de las pequeñas cosas. “Si no fuera por las obras literarias, se nos haría difícil saber... cómo han odiado, traicionado o amado los seres”. “Si el escritor desoye el mensaje de su época y elude el compromiso de ser testigo de su tiempo no puede esperar que su obra trascienda”. La otra conferencia, “Los lenguajes del hombre”, fue nostalgiosa. Recordó su casa con patio florido y su ciudad natal “frente a la montaña que es oro de tarde”.

Tres meses después, el 1 de octubre de 1956, falleció en Buenos Aires. Sus restos fueron sepultados en 1958 en el camino a San Javier.