“En Tucumán la mendacidad organizada, el lavado de autos y los ‘abrepuertas’, la venta ambulante y los trabajos rurales son las “estrategias” de supervivencia más comunes a las que recurren los chicos, muchas veces obligados por familiares o por ‘amigos’, como ellos mismos los llaman”. Así describía un amplio informe del 29 de diciembre 1999 en LA GACETA. El título señalaba que unos 15.000 niños tucumanos, menores de 14 años, vivían y trabajaban en las calles de la provincia. Unos 8.000 chicos estaban en la capital tucumana. La publicación, que incluía un infograma que describía los tipos de trabajo y las zonas de la ciudad por donde desarrollaban su tarea los chicos, fue elaborada a partir de una evaluación del Fondo de las Naciones Unidad para la Infancia (Unicef). Esta se había replicado en una denuncia de la ministra nacional de Acción Social y Medio Ambiente, Graciela Fernández Meijide, que señalaba que en Argentina eran 252.000 los menores de 14 años obligados a salir a trabajar.

Recuerdos fotográficos: 2002. El edificio en obra clausurado tres veces en un mes

El director del área de Minoridad en la provincia, Virgilio Daniel Heredia, reconocía la cifra y decía que el sector había sido abandonado en los últimos cuatro años y que había estado sin presupuesto. Una nota aparte señalaba que la Nación ya sólo confiaba en las ONG para ayudar a esos niños. Otra nota, titulada “Un día y una noche de los chicos que mendigan y limpian los parabrisas” contaba duras historias de esa infancia vulnerada.