Soy Silvia Álvarez, ¿Por qué se llama Laboratorio Presti si sos Álvarez?, me preguntan. Bueno, me casé con Pepe Presti y a la vieja usanza, comenzaron a llamarme “Doctora Presti”, de allí el nombre del laboratorio y de esta historia que comenzó hace 33 años.
Creo que si algo lindo me caracteriza, son esas ganas de cambiar, de animarme a un poquito más. Así que como era esperable de mí, después de 11 años en relación de dependencia, decidí hacer mi propio camino, tener mi propio laboratorio.
Sabía que no iba a ser fácil. Tenía tres hijos muy pequeños y una bebé, significaba prácticamente volver a empezar, asumir riesgos y dividirme entre mi familia y un nuevo desafío profesional.
Tuve algo fundamental: el amor y el apoyo incondicional de mi marido y de mi familia.
Así, el 24 de mayo de 1993, abrí las puertas de mi laboratorio. Siempre digo, con una sonrisa, que ese día nació mi “quinto hijo”.
Recuerdo aquellos primeros días con mucha emoción. Hacía frío, tenía muy pocos pacientes y solo una secretaria que me acompañaba. Las preguntas sin respuestas eran muchas.
Pero trabajé, trabajé muchísimo. Me capacité, viajé, participé de cursos, jornadas y congresos, porque si algo sabía era que para crecer había que aprender.
Poco a poco llegaron los pacientes, los médicos que confiaban en mí, los amigos y tantas personas que fueron creyendo en este proyecto.
Cada logro fue vivido como una conquista, la llegada del primer equipo automático jamás lo voy a olvidar, significaba que aquel sueño estaba creciendo.
Mis hijos también fueron creciendo, mi hija mayor, Constanza decidió seguir mis pasos, se recibió de bioquímica.
Hoy trabajamos juntas, Conty trae con ella su perfeccionismo, su energía imparable y su trabajo incansable.
También se sumaron mis hijos Sofía y Nicolás, cada uno con su mirada, y Paula, que forma parte de nuestra historia desde otro lugar.
Hoy somos tres sucursales, nuevos espacios, tecnología, profesionales y un gran equipo de colaboradores que día a día hacen posible que sigamos creciendo.
Nuestros pacientes no son un número ni una muestra más. Detrás de cada análisis hay una persona que confía en nosotros, una preocupación, una esperanza.
33 años después veo y disfruto de mi trabajo, del lugar construido, de las ganas de seguir creciendo y aprendiendo, de que el sueño que comenzó siendo propio hoy les permite soñar a los míos también.
Porque esta ya no es solamente mi historia. Es nuestra historia.
Y lo más hermoso es que todavía la estamos escribiendo.
33 años dedicados a la salud de los tucumanos.