La noche se prestaba para una larga charla. Seis gobernadores compartieron una cena-encuentro en Buenos Aires. ¿El motivo? Tirar ideas acerca del alineamiento institucional respecto de la gestión del presidente Javier Milei. Algunos, con encuestas bajo el brazo, consideraron que la sociedad que les toca gobernar tiene una clara orientación respecto de las medidas que salen de la Casa Rosada: apoyar algunas y oponerse a otras. La motosierra del ajuste no se aguanta. Por eso, en esos sondeos privados y académicos la moneda corriente es que más de la mitad de la población está cansada y tiene bronca de que no se vea ese puerto llamado equilibrio. El agua los tapa, el dinero no alcanza y la microeconomía sigue mirando de lejos al derrame de la macro. Aún así, Milei sigue siendo la mejor opción para una sociedad que no encuentra otros liderazgos que puedan cambiarle el rumbo a la economía sin tantos sacrificios. El segundo lugar en la consideración social es la senadora Patricia Bullrich y más atrás está el pelotón opositor. Todos tienen un denominador común: en la evaluación final entre lo positivo y lo negativo, prevalece lo segundo.

De aquel encuentro entre mandatarios provinciales ha quedado claro una cuestión: no conviene dejar de ser dialoguista. Hay una moneda de cambio que avala este escenario. Se llama “liquidez financiera”. La autonomía de vuelo financiero es acotada si no hay asistencia federal. Al tucumano Osvaldo Jaldo se lo hicieron saber en su incursión, de la semana pasada, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El tranqueño está batiendo un récord de viajes al corazón del poder, algo que lo incomoda, aunque sabe que es necesario porque el libertario puede estar en todas partes, pero sólo atiende en la metrópoli. La cena transcurrió con datos fiscales en la mano. La recaudación local viene en picada y todos hacen piruetas para cobrar impuestos en sus jurisdicciones frente a un cúmulo de contribuyentes altamente endeudados. A su vez, el más autónomo de ellos depende en un 70% de lo que la Nación les transfiere por coparticipación. No es momento de ser plenamente opositor, se escuchó en esa cumbre. El giro federal de recursos de agosto ha terminado prácticamente neutro, con una suba real y marginal del 0,1% en la comparación interanual. La recaudación nacional continúa mostrando la fatiga del IVA, ya que el consumo tarda en recuperarse. Ganancias, otro tributo coparticipable, en tanto, ha mejorado, ya que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) ha prorrogado el plazo para la presentación de las declaraciones juradas.

Con todo, los gobernadores todavía cuentan con una “bala de plata”: el apoyo que Milei necesita en el Congreso para la sanción de leyes económicas y electorales. La activación de la obra pública puede constituirse en una moneda de cambio, en la previa de un año electoral en la que los gobernadores querrán cortar cintas de inauguración para captar votos. Entre enero y julio, la Nación transfirió a las provincias medio billón de pesos para gastos de capital, 52% menos en términos reales que en el mismo período de 2025. Lo llamativo del dato, que no tiene la generosidad de otros períodos en materia de reparto de fondos para obras, es que cuatro provincias concentraron 70% del total: Tucumán, Salta, Catamarca y San Luis, todas ellas dialoguistas. 

 

Mirada interna

La cuestión fiscal inquieta. La frazada sigue siendo corta y Jaldo tendrá, durante la primera quincena de este mes, pasaje abierto a Buenos Aires. El ministro de Economía, Luis Caputo, tendrá hasta el martes 15 el plazo para presentar el proyecto de Presupuesto Nacional 2027.  En la previa, habrá negociaciones para que las partidas que se distribuirán durante el año electoral sean suficientes para cerrar el primer mandato sin sobresaltos fiscales. Jaldo es uno de los pocos gobernadores que tiene diálogo directo con “Toto”. Y  hay charlas periódicas. De ellas, y también las que se mantienen con el ministro del Interior Diego Santilli, la respuesta libertaria es la misma: Tucumán tiene el crédito abierto cada vez que lo necesite. No es un dato menor. 

Pese a ello, en las conversaciones con sus ministros, Jaldo les reclama más austeridad porque no se sabe qué puede llegar a pasar con la economía. Disparar el gasto público es alentar un escenario vivido en otros tiempos, el del déficit fiscal permanente. “Desde que Julio Miranda hasta estos días, los antecesores tuvieron un mejor pasar económico para sus administraciones”, rememora Jaldo en esos encuentros con sus colaboradores. La alusión es clara: José Alperovich ha gozado del calor kirchnerista y Juan Manzur del apoyo de Alberto Fernández en su segundo mandato, mientras que en el primero, con administración federal de Mauricio Macri, no ha tenido grandes sofocones financieros. De hecho, fue uno de los firmantes del Consenso Fiscal, un acuerdo que se quedó en el camino, pero que sirvió a gran parte de las provincias para ordenar sus cuentas. 

Manzur, en tanto, se ha convertido en uno de los blancos políticos del mandatario provincial. La amenaza lanzada por el senador nacional acerca de una “invasión de dirigentes nacionales” a Tucumán no le ha caído en gracia al tranqueño. Y está en línea con el pensamiento de otro senador, José Mayans que, hace 15 días, recordando una frase de Juan Domingo Perón, exclamó que, en política, la dualidad no existe, en alusión a los mandatarios justicialistas dialoguista. En ese sentido, el formoseño fue contundente: “si acompañan la política de Milei, sos de Milei”. Jaldo filtra las llamadas de encumbrados dirigentes nacionales del PJ. Y, para gran parte de ellos, la respuesta del tucumano es la misma: “charlamos después del 9 de mayo”. Esa es la fecha de las elecciones provinciales. Luego vendrán las generales y será otro el cantar. Pero para ese turno electoral, el gobernador espera a “Manzur y a sus caniches”, tal como definió públicamente a la línea interna que no responde a la Casa de Gobierno. La pelea verbal reedita la de hace cuatro años, casi con los mismos personajes, y un desenlace de unidad forzada, pero unidad al fin. Noviembre puede ser el mes de las decisiones.

Jaldo se aferra a la reelección en el cargo. Por ahora observa un escenario de cuatro cuartos: el que conforma él con el vicegobernador Miguel Acevedo; el que sustenta una probable fórmula libertaria de Lisandro Catalán con la diputada María Soledad Molinuevo; la de Manzur con el diputado Pablo Yedlin, y la de los radicales Mariano Campero y José Cano. Al menos eso es lo que vislumbra la encuesta que le encargó al consultor Hugo Haime y que le da una ventaja para Tucumán Primero de casi 20 puntos respecto de la propuesta de La Libertad Avanza (LLA). Curiosamente, los libertarios apelaron al politólogo Julio Burdman para que haga un sondeo que, como resultado, dio que el PJ aventaja a LLA sólo por casi medio punto, con Manzur fuera de la estructura oficialista (mide 6,6%) y una izquierda que aventaja a la UCR (4,9% versus 3,7%) en un primer escenario. En el segundo, la diferencia se amplía a un punto y medio si el senador peronista decide poner los platos sobre los pies de la reelección de Jaldo. En la de Haime, a su vez, el radicalismo se posiciona en tercer puesto (6,4%), por encima de Manzur-Yeldin (5,6% con apoyo directo de Cristina Fernández de Kirchner) y de Fuerza Republicana (4,1%). En el caso de la UCR, ese sondeo revela que hubo una caída respecto de la formulada en junio cuando la potencial fórmula medida contenía a Roberto Sánchez y a Mariano Campero y ahora a Campero con Cano. De igual modo, se aclara que hace dos meses, en FR se midió a Ricardo Bussi con el ahora libertario Gerardo Huesen, mientras que en agosto a éste último se lo cambió por el actual legislador Eduardo Verón Guerra

Manzur, en tanto, también revela algunas cifras. Sin revelar quién hizo la encuesta, el ex mandatario señala que ya superó los dos dígitos de apoyo a su candidatura y que la apuesta máxima es llegar a entre 15% y 17% hasta noviembre para empezar una discusión más profunda rumbo a eventuales internas. 

La dispersión del voto es el mejor de los escenarios para Jaldo. Más allá de las disputas verbales, las puertas del oficialismo no están del todo cerradas para aquellos que hoy quieren representar el frente antimileísta. El aparato peronista juega a su favor. El titular del Poder Ejecutivo tiene a sus espaldas el respaldo de intendentes, comisionados rurales, legisladores, concejales y dirigentes territoriales. Manzur, en tanto, trata de armar una estructura que, en otros tiempos, lo mantuvo en el poder durante dos mandatos. Los libertarios, en tanto, tienen ante sí la posibilidad de volver a subirse a ese tren llamado Milei, con candidaturas de dirigentes que, según sus propias encuestas, aún resultan ser una incógnita para gran parte del electorado. El radicalismo, mientras tanto, carga con sus propias internas, aunque hay una idea primigenia de constituir tres grandes acoples en la capital tucumana como punto de partida para la recuperación del espacio perdido. Los republicanos y los de izquierda, finalmente, pugnarán para conservar una cuota de representatividad en distintos estamentos. La disputa electoral se siente en cada rincón. Pero, como en la gestión misma, el problema sigue siendo el dinero, el financiamiento para una travesía política en la que pocos sobreviven. Por lo que se observa, la campaña que se viene estará signada por los enfrentamientos. Como quien dice, será a cara de perros, en un contexto en la que algunos comenzaron a ladrar.