Leí el titular de la nota de Indalecio Sánchez (29/08) y, de entrada, me movilizó. Daba cuenta de un presidente Milei parado ante un auditorio compuesto por jóvenes de un establecimiento educativo. Soy padre y, francamente, no me gustaría exponer a ninguno de mis hijos a tener que ver y escuchar al Presidente, cuando monta sus bizarros espectáculos. Seguí con la lectura de la nota y en dos párrafos, mi indignación crecía a medida que me llegaba más información sobre lo sucedido, que puede resumirse en los siguientes puntos relevantes: 1) bajo un estricto dispositivo de seguridad que limitó la presencia de adultos en el auditorio; 2) (Milei) sostuvo que las bases del capitalismo derivan de un orden divino preexistente y no de convenciones humanas y, 3) Marx era satanista”, aseveró, concluyendo que las propuestas colectivistas traen “el infierno” en contraposición al “programa de Dios”. No conforme con este mesianismo violento (mezcla de discurso medieval con adoctrinamiento fascista), invita al auditorio a sumarse al lado “del bien” (que sería el suyo) y alejarse del lado “del mal” (que seríamos todos los que no pensamos igual a él). A esto se reduce el pensamiento de este presidente, carente de conocimientos técnicos aplicables a la realidad de un país como Argentina y sus características; carente, además, de formación filosófica; desarrollo intelectual y cultural; estabilidad emocional y empatía para con sus propios compatriotas. Preocupa el silencio de los grandes medios nacionales (como el que se hace llamar “el Gran Diario Argentino), que cubría primeras planas completas para criticar las “formas” de la presidenta Cristina de Kirchner y cubre apenas mínimas columnas internas, cuando las formas y “el fondo” del accionar del Presidente Milei siembran divisiones, odio y violencia, desde la tierra más fértil que puede haber en una sociedad: la conformada por infancias y juventudes. Padres y madres, no pueden permitir que se limite la presencia de adultos, cuando se trate de sus hijas/os/es (es inadmisible ante cualquier situación), del mismo modo que es inaceptable que la dirección de un establecimiento permita un adoctrinamiento (menos, si es uno violento). Palabra (adoctrinamiento) que me lleva a recordar a quienes hicieron una brutal campaña contra la ESI en las Escuelas, llamando “adoctrinamiento” a una herramienta vital para proteger a nuestras infancias y juventudes, cuando el 85% de los casos de abuso, suceden en el hogar. Contradicciones de ese lado al que Milei considera “el bien”, aunque sus ojos rojos y sus invitaciones a sumarse a ese fogoso espacio (o espacio en llamas), muestra a las claras quién es el infierno mismo o qué infierno habita en su cabeza.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
Javierucr1970@gmail.com