Todavía poco conocemos sobre las causas de ese terrible encanto que tienen las plataformas como las redes sociales. No son distracciones como muchas veces solemos llamarlas, sino todo lo contrario. Los algoritmos funcionan a la perfección para convertir videos, fotos y textos en atracciones permanentes y móviles, que se adaptan individualmente en distintas etapas de nuestras vidas.
Por estos días, ese motor de atención estuvo en tela de juicio y se intentó desentrañar el porqué de su encanto. Meta, la empresa que desarrolla Facebook e Instagram, afrontó un histórico juicio en Estados Unidos impulsado por una veintena de estados que acusaban a la compañía de haber desarrollado productos adictivos que tuvieron como principales víctimas a los jóvenes. Señalaban que los algoritmos de recomendación y las pantallas de scroll infinito llevaron a los más chicos a tener problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, problemas de autoestima, de socialización, afecciones físicas y actitudes autolesivas, entre otros aspectos.
Meta al principio argumentaba que las acusaciones eran falsas, que estaban basadas en documentos internos tomados aleatoriamente y conectados para afectar a la compañía. Además aseguraba que durante los últimos años había trabajado intensamente en medidas para proteger a los más jóvenes con herramientas concretas para evitar la adicción a las pantallas. Sin embargo, este miércoles la compañía aceptó pagar una multa de más de 17.000 millones de dólares para terminar con la demanda. También se comprometió a promover herramientas que disminuyan la adicción de los jóvenes a las pantallas.
En los pocos días que duró el juicio, sus propios creadores revelaron que sus protecciones no habían sido efectivas. Esta semana declaró una de las personalidades más relevantes dentro de la compañía: Adam Mosseri, director de Instagram. Mosseri admitió que herramientas de seguridad clave como “Take a Break” y “Quiet Mode” tenían una adopción muy baja entre los adolescentes, con tasas que no superaban el 2% de las cuentas.
Por primera vez estamos en un momento crucial de las plataformas. A diferencia de otras instancias judiciales que ya afrontó Meta, en este juicio el principal foco no estuvo en los contenidos a los que los adolescentes pueden haber estado expuestos, sino en algo más importante. Estuvo en el diseño de sus productos, al que acusaron no sólo de generar adicción sino también de recopilar datos de menores con “métodos engañosos”.
El corazón de las principales redes sociales acaba de perder y ahora Meta no solo estará obligada a pagar una multa millonaria sino también a modificar sus productos para que dejen de buscar interacciones a cualquier precio. La maquinaria, hasta ahora invisible, que tanta dopamina nos genera y tantas horas nos roba a grandes y chicos, tendrá finalmente que cambiar.