¡Gracias, municipio capitalino, por devolver al pueblo lo que es del pueblo, como eran los antiguos mercaditos de barrio y que con muy buen criterio están revalorizando y poniéndolos en funcionamiento nuevamente. Su ubicación es en lugares estratégicos, cerca de grandes barriadas. Anteriormente traían mercaderías, productos alimenticios frescos, buenos, baratos y variados, que ayudaban a las economías hogareñas. Estos centros de compras de a poco fueron absorbidos por los grandes supermercados que ponían (como ahora) superofertas tentadoras y engañosas. Estamos soportando la crisis económica más dura y cruel de los últimos tiempos; no dudo de que esto será de gran ayuda para las familias más humildes. En esa vieja y buena cultura laboral que nos enseñaban nuestros padres me llevó a trabajar desde muy chico, despues que salíamos del colegio, de “achurero” en el Mercadito Dorrego (no se me cayó el apellido y ganábamos para la entrada del matiné, del cine Independencia), al poco tiempo fue cerrado; lo abrieron como oficinas municipales y cuando cerraron el Mercado del Norte trasladaron a varios puesteros y lo reconvirtieron en mercado nuevamente. El nuevo sistema de alquileres de los locales, por intermedio de una inmobiliaria, opino que es lo mejor; tercerizando se sacan el problema de encima y, a no dudarlo, sí o sí pagarán. Esto es trabajar de la periferia al centro; los olvidados del gran cinturón barrial adyacentes al microcentro les decimos gracias por este grandioso beneficio.
Francisco Amable Díaz
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