La victoria 2-1 de San Martín frente a Chacarita en Villa Maipú cortó una racha de cinco partidos sin ganar y le permitió al equipo volver a meterse en puestos de Reducido. Sin embargo, el análisis futbolístico está lejos de invitar a la tranquilidad: el “Santo” no jugó bien, volvió a mostrar problemas para generar juego y terminó rescatando tres puntos importantes a partir de un cambio táctico arriesgado. Alejandro Orfila jugó todas sus fichas al ataque en el entretiempo y, aunque el desarrollo del partido no lo acompañaba, la apuesta le terminó rindiendo.

Golpe temprano y desconcierto

El partido había comenzado con una postura interesante del conjunto tucumano, plantado en campo rival y presionando alto. Pero ese plan se cortó a los siete minutos: Mario Sanabria le ganó la posición con el cuerpo a Víctor Salazar (que sufrió toda la tarde en la marca) sobre la banda y metió el centro para que Maximiliano Meléndez pusiera el 1-0 para el “Funebrero”.

El gol desconcertó a San Martín. Durante los 10 o 15 minutos posteriores, el equipo jugó totalmente nervioso y apurado, como si quedara poco para el cierre. El problema es que restaban más de 70 minutos. El equipo llegaba tarde a los cruces, la pelota no le duraba nada y su única arma eran los pelotazos a espaldas de los laterales para que Bruno Cabrera y Álvaro Veliez corrieran, pero a ambos les faltó precisión en los centros. Aunque Chacarita le cedió la iniciativa para replegarse y salir de contraataque (de esa forma casi estira la ventaja aprovechando los desacoples de la zaga visitante), el “Santo” apenas insinuó peligro.

El cambio de esquema

Para el complemento, Orfila decidió hacer una variante de alto riesgo: mandó a la cancha a Mauro Verón por Santiago Briñone. El equipo pasó a un 4-2-4 desequilibrado, con Gabriel Carabajal bajando unos metros para conducir y tratar de abastecer a los cuatro delanteros.

La apuesta estuvo a punto de salirle cara. Carabajal quedó solo en el círculo central: sin nadie con quién asociarse, fue presionado constantemente y perdió muchas pelotas peligrosas. El balón casi nunca les llegó limpio a los atacantes y el equipo quedó partido al medio. Cada recuperación del rival generaba peligro y daba la sensación de que el segundo gol local estaba mucho más cerca que el empate de San Martín.

La ráfaga de Arfaras

Cuando todo indicaba que la moneda caería del lado del “Funebrero”, una desconcentración cambió el panorama. A los 24 minutos, Cabrera recuperó una pelota sobre la línea de banda que todo Chacarita dio por perdida; Verón recibió y habilitó a Luca Arfaras, quien definió de primera para el 1-1, cuando la esperanza de volver con algo a Tucumán empezaba a escasear.

El empate golpeó anímicamente al "Funebrero", que perdió el orden. Allí sí hubo mérito del “Santo”, que leyó bien el momento y al oler sangre fue por el triunfo. El ingresado Matías “Caco” García dominó y cedió para Arfaras, que sacó un remate fuerte desde afuera del área para el 2-1. De inmediato, el entrenador corrigió el esquema: mandó a Alan Cisnero por Arfaras para reforzar la mitad de la cancha, bajar el ritmo y cerrar el partido.

El balance final deja sensaciones contrapuestas. San Martín volvió a zona de clasificación, un envión clave tras cinco fechas sin ganar. También se debe destacar la insistencia de un equipo que siguió intentando, entendió que una nueva derrota sería casi una sentencia para sus aspiraciones y se animó a quemar las naves. Pero el triunfo se explicó más por la efectividad de Arfaras y algo de fortuna en los momentos clave que por un buen funcionamiento colectivo. Orfila reaccionó rápido, apostó todo a los cuatro delanteros y, esta vez, la moneda cayó de su lado. No siempre va a ser así.