Hoy se conmemora un nuevo aniversario de un hecho trascendental para la formación de la patria: el Éxodo Jujeño. A pesar de su importancia histórica y del sacrificio que representó para aquellos que lo protagonizaron, corre el mismo destino que las batallas de Salta y de Tucumán. Los tres ocupan un lugar secundario entre las fechas patrias y se los recuerda con simples feriados provinciales.
Para entender qué ocurría es necesario remontarse a 1811. El 20 de junio, el Ejército Auxiliar del Perú, que estaba al mando de Juan José Castelli, fue derrotado por las huestes de José Manuel de Goyeneche. Aquel desastre dejó a la tropa patriota diezmada y desarmada. Tiempo después, Manuel Belgrano terminó haciéndose cargo de aquellos soldados. Ya en 1812, Belgrano comenzó a reorganizar el ejército. En ese marco, en Jujuy encabezó la celebración del segundo aniversario de la Revolución de Mayo, con un acto en la plaza principal de la ciudad. Pero en esos mismos días, Goyeneche había terminado de aplastar el último foco revolucionario del Alto Perú: Cochabamba.
Esto puso en alerta al general patriota, quien emitió un bando redactado con términos perentorios. Ordenó a toda la población de la ciudad y de sus alrededores (sin distinción de clase social) que se deshiciera de todo aquello que no pudiesen transportar hacia el sur: ganado, cosechas, mercancías, bienes y un largo etcétera. Quien no cumpliese la orden sería declarado traidor a la patria con todas las consecuencias que eso implicaba. Fue así que el 23 de agosto comenzó aquel éxodo que concluyó en Tucumán.
Hay varias cuestiones relevantes: por un lado, es un error creer que todos jujeños acompañaron fervorosos la decisión de Belgrano. Muchos habitantes de esa ciudad (como también los de otras de las Provincias Unidas del Río de la Plata) no estaban de acuerdo con la Revolución de Mayo y ansiaban el regreso del antiguo régimen. Inclusive, no eran pocos los que se habían sumado a las tropas realistas. De todos modos, y pese a la resistencia, la orden se cumplió y el poblado quedó vacío. Así lo encontró la vanguardia realista.
En Tucumán, muchos de aquellos jujeños que habían seguido a Belgrano se enfrentaron al enemigo el 24 de septiembre en el Campo de las Carreras. Con esa victoria sumaron un aporte más para salvar la Revolución y empujar en el camino de la independencia.
Lo que describimos sucintamente arriba busca describir la importancia de aquellos acontecimientos (más la batalla de Salta) que hoy padecen la indiferencia de casi todos los argentinos. Es inconcebible que haya feriados nacionales para festejar el carnaval o la escaramuza de Vuelta de Obligado y no para recordar acontecimientos insoslayables, porque sin ellos hoy no tendríamos patria (al menos tal como la conocemos).
Sorprende que la clase política tucumana, salteña y jujeña no esté abocada a corregir esta situación. No se debe olvidar que los feriados funcionan como mojones de la memoria: marcan un hito en la currícula escolar y ayudan a cohesionar a los argentinos a través del recuerdo de grandes hechos.