Las paredes del antiguo ingenio Lastenia volvieron a llenarse de imágenes. En este caso, no se trata de fotografías de trabajadores ni de registros de la fábrica: son las pinturas de Víctor Quiroga, uno de los artistas tucumanos de mayor reconocimiento nacional e internacional. La muestra reúne 41 obras y recorre distintas etapas de su trayectoria, desde sus primeros trabajos hasta sus últimas producciones.

El curador, Julio Villafañe, conoce de cerca esa obra y también al artista. Debido a ello, montar esta exposición tiene para él algo de homenaje y de reparación. “Es un placer traer la obra de uno de los últimos maestros que tuvo el arte tucumano”, dice.

La elección de las obras tampoco es casual. En medio de un encuentro dedicado a recordar los 60 años del cierre de los ingenios, aparecen los colores de la tierra, los trabajadores de la zafra, los mitos y las escenas del interior tucumano. “Víctor era un gran fotógrafo y un gran recopilador de esas imágenes que después se vuelcan en su pintura”, cuenta Villafañe. Para construir esas escenas, el artista se metía en los cañaverales, conversaba con los zafreros y compartía con ellos parte de su jornada. “Toda esta etapa de la zafra, de los peladores de caña, tiene que ver con esa historia de meterse en los cañaverales y tratar de nutrirse de esa realidad que vive el obrero”.

En opinión de Juan Sebastián Quiroga, uno de los hijos del artista, regresar con la obra de su padre tiene una dimensión íntima. La exposición intenta recorrer toda su trayectoria: los inicios como estudiante, los años en París y las distintas etapas que siguieron hasta sus últimas obras. “Se puede notar lo que mi papá siempre plasmó en su obra, que son nuestras costumbres, nuestros mitos, nuestras leyendas y, por supuesto, también nuestra historia”, explica.

Sebastián se ocupa hoy de gran parte de la tarea de preservar y de trasladar ese legado. Su padre le enseñó a preparar los bastidores y a trabajar con las telas. Él mismo participó en el armado de varias de las obras que ahora vuelven a mostrarse.

Hay, además, una escena familiar que resume ese vínculo. Entre las obras está “Las enseñanzas de padre a hijo”, una pintura que Sebastián mira desde otro lugar: no solo como espectador, sino como alguien que recibió directamente esas enseñanzas. “Soy quien está haciendo esto porque él me enseñó”.

Ese legado también busca continuar en la siguiente generación. Sebastián cuenta que su esposa, Patricia, lo acompaña en los proyectos y que dos de sus tres hijas, María Teresa, Rocío Celeste y Ana Sofía, ya comenzaron a interesarse por el arte. También menciona en especial a su ahijada, Florencia Masaguer, y a su sobrino Nahuel Masaguer, quienes forman parte del entorno familiar que acompaña la preservación y difusión de la obra de Quiroga.

La tarea no se sostiene solo desde la familia. En cada exposición aparecen también personas e instituciones que acompañan el proyecto y permiten que las obras sigan circulando y llegando a nuevos públicos. En esta oportunidad, la Fundación Ingenio de las Artes hizo posible que la retrospectiva hallara en las antiguas instalaciones del ingenio un espacio acorde a la escala de la obra. También acompañaron la propuesta Rías Estate, bodega del Valle de Cafayate, que estuvo presente con un cóctel para los invitados, y Renée Ramírez, secretario general local de Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA), quien acompañó la muestra.

Así, alrededor de la exposición hay una red que permite que la obra de Quiroga vuelva a encontrarse con el público y, sobre todo, con nuevas generaciones.

La manera de mirar

En opinión de Rodrigo Campos Alvo, psicoanalista formado en crítica de arte, la exposición permite observar cómo Quiroga fue transformando su propia mirada sin perder el vínculo con Tucumán. Su viaje a París, sostiene, no significó copiar lo que encontraba afuera. Al regresar, el artista renovó su manera de mirar el territorio propio. “En vez de volver copiando ideas, ‘Tito’ renovó su propia visión, su propia mirada sobre su entorno, que es el Noroeste Argentino y Tucumán en particular”, comentó.

Campos Alvo escribió el texto de sala de la muestra y encontró allí una idea central: la descoincidencia. Quiroga propone que aquello que el espectador espera encontrar en una escena aparezca transformado.

Donde se espera una vaca en un corral, puede aparecer volando. Donde hay una escena cotidiana, aparece el mito. Así, explica, la pintura obliga a mirar de otra manera. La imagen primero, la palabra después”, resume.

La memoria

La muestra también produjo una emoción especial entre quienes conocieron personalmente al artista. Silvia Leonor Agüero, decana de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, recorrió las obras y volvió sobre un recuerdo que todavía conserva con fuerza. La última vez que vio a Quiroga fue en la esquina de su casa. Él estaba retirando una pintura y, antes de despedirse, le pidió a uno de sus hijos que le alcanzara un catálogo. Hablaron de un próximo proyecto y le pidió que ella escribiera el catálogo. “A los dos o tres días falleció”, recuerda.

Era 2021, en plena pandemia. A criterio de Agüero, aquella escena quedó asociada a una imagen precisa: un artista que, incluso entonces, seguía pensando en lo que vendría. “Demostraba ese deseo de seguir trabajando y todo ese futuro que él tenía por delante”, dice.

Entre quienes llegaron a Lastenia para conocer la muestra estuvo también Lisandro Esteban, escritor y poeta de 21 años. Había conocido a Quiroga y hasta había asistido a algunas de sus clases de dibujo durante la pandemia. Esta vez volvió a encontrarse con su obra desde otro lugar: como escritor y como tucumano.

Una de las pinturas, “Los Miradores”, fue elegida para la portada de su libro. “Yo escribí un libro sobre Tucumán”, cuenta. Por eso, encontrarse con las imágenes de Quiroga le resultó especialmente cercano. Frente a las obras, dice, algunas escenas llegaron a conmoverlo hasta las lágrimas.

Nunca había estado en Lastenia. El viaje desde el centro de la ciudad también fue parte de la experiencia. “Uno desconoce mucho de su propia tierra”, dice.

Quizás allí estribe una de las razones por las que esta muestra encuentra su lugar entre las ruinas del antiguo ingenio. Quiroga pintó un Tucumán que muchas veces parece perdido, pero que vuelve a aparecer cuando alguien se detiene a mirar. Y ahora, entre las paredes de Lastenia, sus obras vuelven a hacer justamente eso: mirar el pasado para que el presente no lo olvide.