Hay imágenes que parecen llegar después de haber atravesado una zona de sombra. No se ofrecen de inmediato ni se dejan atrapar por una explicación única. En el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT, San Martín 1.545), la artista Evi Tártari vuelve a la fotografía con “El gesto que irrumpe”, exposición individual que abre un nuevo capítulo en una obra atravesada por la pregunta acerca de los cuerpos, su aparición y las formas en que la historia decide -o no- representarlos.

La muestra cuenta con un texto de Bruno Juliano y diseño de montaje de Rodro Cañás. Para Tártari, significa también un retorno: después de un trabajo sostenido con piezas cerámicas, vuelve a situarse frente a la imagen fotográfica. Pero no se trata de una vuelta nostálgica ni de la recuperación de un territorio conocido. La fotografía aparece ahora desplazada, sostenida en una zona de indeterminación, como si aquello que busca mostrar estuviera siempre a punto de desvanecerse.

“Me gusta pensar que sin luz no hay fotografía, y sin oscuridad no hay luz”, dice la artista. Y en esa tensión se organiza buena parte de “El gesto que irrumpe”. “El cuerpo, un cuerpo, como algo extraño, suspendido. Una pregunta por el espacio donde no hay nada. Una imagen que no encuentra cauce. Un origen alterado”, destaca.

La exposición dialoga, además, con dos proyectos expositivos recientes que Tártari realizó en Tucumán y Chaco a comienzos y mediados de este año. Esa suerte de trilogía pone en juego distintas maneras de rodear una misma inquietud: cómo aparecen los cuerpos en la historia, qué huellas dejan, qué representaciones los contienen y cuáles quedan afuera.

En el MUNT, la pregunta se desplaza hacia la luz, las sombras y la mirada. Tártari habla de “un gesto entre desesperado y lúdico, paciente y pesimista, de revolver, acumular, atesorar”. También de la “sensación de imposibilidad como lo que queda”, de elementos que, aun transformados, conservan la huella de su propia historia.

Hay, en ese movimiento, una disputa. “La disputa por el orden de las cosas, por el sentido de la verdad. La historia como un agujero negro”, resume.

Juliano encuentra en esta nueva incursión fotográfica una diferencia decisiva respecto de trabajos anteriores. “Esta vuelta de Evi a la fotografía insiste en la toma y en la copia, pero ya no hay autorretratos o cuerpos de tierra sino imágenes de luz”, escribe. Y agrega: “dispara. Atraviesa fronteras en detalles, registros de rincones, ventanas por donde ingresa la luz, paredes que tienen sombras. Capturas de cuerpos otros”.

El verbo no parece casual. Fotografiar es disparar. Y en ese acto hay, acaso, algo de violencia. Una voluntad de captura, de apropiación momentánea, de fijar aquello que estaba en movimiento. Evi vuelve a la fotografía desde allí. Hay un gesto casi vandálico en el acto de fotografiar: el disparo captura, quita, impone una posición, desestima los límites. Pero al mismo tiempo, en las imágenes de “El gesto que irrumpe”, aquello que se intenta capturar no termina nunca de entregarse por completo.

La exposición desplaza así el problema de los cuerpos hacia el lugar desde donde se mira. “El problema de cómo los cuerpos aparecen en la historia -sus formas, representaciones e identidades- se desplaza hacia el lugar de la mirada”, señala Juliano.

Protagonista

Tártari nació en Tucumán en 1990. Es artista visual, docente y gestora. Estudió Artes Plásticas y Fotografía en la UNT, realizó una especialización en artes y tecnología en la UBA y actualmente cursa una maestría en la Universidad Nacional de Villa María. Su formación también incluye programas de clínicas como PAC, Manglar y LAVA.

A lo largo de su trayectoria recibió la beca “Ida y Vuelta” del Ministerio de Cultura de la Nación para estudiar cerámica en Francia; una beca de Curatoría Forense para realizar la residencia Huberbau Haus sobre Bienales de Latinoamérica; y la beca “Activar Patrimonio”, con la que trabajó en la Casa Histórica.

Sus obras fueron exhibidas en espacios y museos provinciales y nacionales y forman parte de colecciones públicas a partir de reconocimientos obtenidos en el Salón para el Ámbito Nacional Tucumán, el Salón Ing. Recalcatti de la UTN y el Salón Provincial de la UNT, además de integrar colecciones privadas en Argentina, Francia y México. Recientemente recibió una mención en el Salón Nacional de Artes Visuales del Palais de Glace, en la categoría cerámica. Enseña en la Facultad de Artes de la UNT, en el Taller C.

Pero ahora la cerámica queda, por un momento, detrás de la luz. O, mejor dicho, vuelve transformada en una pregunta sobre las huellas, las superficies y aquello que persiste después de una alteración. En “El gesto que irrumpe”, Tártari no parece buscar respuestas. Fotografía rincones, ventanas, paredes, sombras; persigue cuerpos que son otros y, al mismo tiempo, interroga la posibilidad misma de que una imagen pueda contenerlos. Entre la luz y la oscuridad, entre lo que se muestra y lo que permanece suspendido, la fotografía vuelve a disparar. Y el gesto irrumpe.