La final de la Liga Tucumana pasó del fútbol al caos en cuestión de minutos. Hasta los 45 del primer tiempo, Concepción FC y Graneros empataban 0-0 en la cancha de Deportivo Aguilares, ante más de 5.000 personas y en un partido que prácticamente no había entregado situaciones de peligro. Sin embargo, cuando los protagonistas abandonaron el campo de juego rumbo a los vestuarios, un incidente entre futbolistas desencadenó una sucesión de hechos que incluyó tumultos, gas pimienta, bengalas, invasión del campo, balas de goma y enfrentamientos que continuaron incluso fuera del estadio. El partido terminó suspendido y la definición del campeón quedó en suspenso.

Hasta entonces, nada hacía prever semejante desenlace. El primer tiempo había sido discreto desde lo futbolístico, prácticamente sin situaciones frente a los arcos. El árbitro Pablo Pereyra había mostrado tres tarjetas amarillas: Mariano Peralta y Gustavo Aranda fueron amonestados en Concepción, mientras que Alejandro Medina recibió la tarjeta en Graneros. Tampoco se percibía un clima especialmente tenso en las tribunas.

MOMENTOS DE TENSIÓN. La violencia se apoderó de la definición en Aguilares. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

El operativo había distribuido a las parcialidades en diferentes sectores. Los hinchas de Graneros estaban ubicados detrás del arco orientado hacia el centro de Aguilares, mientras que la gente de Concepción ocupaba la cabecera que da hacia el río Medina y toda la platea. La estimación inicial indicaba que más de 5.000 personas habían llegado hasta Deportivo Aguilares para presenciar la definición.

MOMENTOS DE TENSIÓN. La violencia se apoderó de la definición en Aguilares. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

El quiebre se produjo cuando terminó el primer tiempo. Los jugadores comenzaron a abandonar el campo por el portón principal y caminaron hacia los vestuarios nuevos, ubicados en la zona del tinglado del estadio. Concepción ingresó primero. Según pudo averiguar LA GACETA, dos futbolistas de Graneros que no integraban la lista de convocados habrían chicaneado a jugadores del “Cuervo” que se encontraban conversando dentro del vestuario.

SIN FINAL. Los incidentes impidieron que pudiera completarse el partido. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

La reacción fue inmediata. Se produjo un tumulto que rápidamente dejó de involucrar únicamente a futbolistas: allegados, dirigentes y miembros de ambos clubes quedaron mezclados en medio de empujones y corridas. Pereyra y sus asistentes todavía no habían ingresado al sector cuando comenzó el problema. Ante la escalada del conflicto, la terna arbitral corrió hacia los vestuarios para ponerse a resguardo de cualquier posible golpe.

La Policía intervino para intentar separar a los involucrados y utilizó gas pimienta. Varios futbolistas de Concepción fueron alcanzados. Durante aproximadamente 10 minutos reinó la confusión hasta que efectivos de Infantería se apostaron frente a la puerta de los vestuarios y consiguieron contener la situación.

DESCONTROL. La definición quedó marcada por una sucesión de incidentes. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

Pero el partido ya había entrado en un terreno completamente diferente. Los minutos comenzaron a acumularse sin una respuesta concreta sobre la continuidad. Pereyra llamó entonces a los capitanes, Pablo Lencina por Graneros y Pedro Villareal por Concepción, para conversar sobre lo sucedido y evaluar cómo seguir. La imagen se repitió otras dos veces. Los protagonistas iban y venían, pero ninguna de esas reuniones parecía acercar una solución.

Mientras tanto, las tribunas seguían ocupadas. Cerca de una hora después de la interrupción comenzaron a tomar fuerza los rumores de una posible suspensión. Fue entonces cuando la tensión también se trasladó hacia los hinchas. Desde el sector ocupado por Concepción comenzaron a arrojar bengalas en dirección a la parcialidad de Graneros. Inicialmente ninguna impactó entre los simpatizantes rivales. Poco después, una persona con el rostro cubierto ingresó y disparó una bengala de luces hacia ese sector. Los hinchas de Graneros no respondieron a la provocación.

FUERA DE CONTROL. Los incidentes dominaron la escena en Deportivo Aguilares. Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

Cuando finalmente se comunicó de manera oficial la suspensión del partido, el escenario volvió a desbordarse. Infantería formó un cordón sobre el campo para impedir que los simpatizantes de Concepción ubicados en la platea pudieran acercarse al sector ocupado por Graneros.

Un grupo perteneciente a la barra de Concepción ingresó al campo de juego con intenciones de enfrentarse con los hinchas de Graneros. Ante esa situación, futbolistas de ambos equipos también saltaron a la cancha, pero para intentar frenar una confrontación que amenazaba con ser todavía mayor. Lencina fue uno de los protagonistas de esa secuencia. El capitán de Graneros se ubicó frente al alambrado e intentó contener el lanzamiento de proyectiles y evitar que los hinchas avanzaran. Del otro lado, Villareal buscaba detener a los fanáticos que pretendían acercarse al conflicto.

La Policía respondió utilizando balas de goma para dispersar a quienes habían ingresado al campo. Uno de esos disparos alcanzó en un ojo a Axel González, delantero de Concepción, que terminó herido en medio del operativo.

Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

La violencia, además, no terminó cuando comenzó el desalojo del estadio. El conflicto se trasladó hacia los alrededores de Deportivo Aguilares, donde se registraron nuevas peleas. Por un lado hubo enfrentamientos entre diferentes facciones de la propia barra de Concepción y, por otro, choques con simpatizantes de Graneros.

En medio de ese escenario, Carlos Funez, legislador y colaborador de Concepción FC, apuntó contra el arbitraje y cuestionó duramente a la conducción del fútbol tucumano.

“Es una vergüenza. Es el tercer año consecutivo que los árbitros son los culpables de la violencia y de la injusticia que hay en la cancha. Lamentablemente pasa eso. Encima que hay una injusticia en el campo de juego, tenemos que aguantar que a nuestros jugadores les pegue la gente de seguridad privada de Graneros y que les tiren gases. ¿Qué vamos a esperar? ¿Que alguien termine muerto?”, sostuvo.

Funez desligó al escenario y al operativo policial de las causas que, según su mirada, provocaron lo ocurrido. “El estadio no tiene ningún problema ni la Policía. El problema no es ese. Nosotros jugamos cuatro finales antes de las últimas de estos dos años y no hubo ningún hecho de violencia porque los árbitros estaban en el nivel que correspondía”, afirmó.

También lanzó una acusación contra la organización de los torneos. “Antes de que empiece el campeonato, ellos ya dicen quién va a salir campeón. El año pasado decían que el campeón era Tucumán Central y ahora es Graneros. Entonces, ¿para qué participamos? ¿Para qué jugamos? No entienden que la gente y los clubes necesitamos de los hinchas. No estoy en contra de nadie, estoy a favor del fútbol tucumano”, agregó.

Finalmente, anticipó cuál será la posición de Concepción en caso de que la Liga determine que la final debe continuar sin espectadores. “Si se juega sin público, vamos a pedir que se cambie el árbitro. Hubo tres jugadas que fueron una vergüenza. El comité de la Liga tiene que descabezar el Colegio de Árbitros porque es una vergüenza”, cerró.

Una final que durante 45 minutos prácticamente no había tenido situaciones terminó con el fútbol convertido en un detalle. El 0-0 quedó congelado y la pelota dejó lugar a corridas, bengalas, gases y balas de goma. Ahora, después de una tarde caótica en Aguilares, la definición ya no estará solamente dentro de una cancha.