River encontró una bocanada de oxígeno puro en el momento más crítico del ciclo de Eduardo Coudet. En una tarde cargada de tensión en el estadio Monumental, donde el murmullo y la reprobación del público marcaron la previa tras encadenar seis derrotas consecutivas, el conjunto millonario sacó a relucir su carácter y superó por 2-0 a Argentinos Juniors. El triunfo cobró una dimensión mayúscula por la envergadura del rival: el elenco de La Paternal aterrizó en Núñez como puntero invicto de la Zona B y con el funcionamiento más sólido del certamen afista.

Desde el inicio, el “Millonario” apostó por una estructura ambiciosa con el estreno como titular de Thiago Almada y el desequilibrio de Ángel Correa en la gestación ofensiva, acompañados por Joaquín Freitas y Lucas Beltrán. Aunque el trámite se presentó complejo ante un rival ordenado que superaba la presión con transiciones rápidas a un toque, el local halló la apertura del marcador sobre el cierre del primer tiempo. Almada trabó con determinación una pelota suelta dentro del área rival y Gonzalo Montiel apareció sin marca para definir de primera y desatar el primer grito del semestre para los de Núñez.

El arranque del complemento expuso los pasajes de mayor sufrimiento para el elenco de Coudet. En apenas dos minutos, Hernán López Muñoz anotó un tanto que fue anulado por posición adelantada y, de inmediato, sacó un potente disparo que se estrelló contra el travesaño de Santiago Beltrán. Para sumar preocupación, Montiel debió abandonar la cancha con una molestia en el muslo derecho. Con un planteo replegado para lastimar de contragolpe y sostenido por la jerarquía defensiva de Nicolás Otamendi —quien además estrelló un cabezazo en el palo tras un tiro libre ejecutado por Almada—, River aguantó la embestida.

La tranquilidad definitiva se consumó sobre el epílogo. A los 42 minutos de la segunda mitad, Correa encaró por la banda izquierda, desairó a los defensores y recibió la infracción abajo de Gabriel Florentín en el área grande. Tras la confirmación del VAR, el propio delantero asumió la responsabilidad de la pena máxima con un remate cruzado para sellar el 2-0. La victoria no solo desactivó el malestar en las tribunas, sino que brindó una dosis vital de confianza antes de viajar a Bogotá para abrir los octavos de final de la Copa Sudamericana frente a Independiente Santa Fe.