Para Joan Soro hubo momentos en los que los 40 kilómetros del Trasmontaña dejaron de ser simplemente una carrera. Miraba hacia adelante y tenía la rueda de uno de sus ídolos a pocos metros. En otros pasajes conseguía superarlo y entonces escuchaba desde atrás los gritos que lo empujaban a acelerar todavía más. Del otro lado estaba Matt Hunter, una de las grandes referencias internacionales del mountain bike. Soro encontró una comparación bastante argentina para explicar lo que significaba compartir la competencia con él.
“Es la misma sensación que para un niño argentino jugar al fútbol con Messi. Ir siguiendo a tu ídolo a rueda o que, de repente, vos lo pasés y él empiece a gritarte: ‘Dale, más fuerte, más fuerte’. Realmente es único, es un sueño”, describió.
El español, residente en Chile, y el canadiense compitieron como dupla en la categoría E-Bike, reservada para bicicletas eléctricas. El Trasmontaña les mostró prácticamente todas sus caras: sectores secos, otros completamente mojados y un terreno que por momentos se transformó en una pista resbaladiza. Y ni siquiera dos experimentados bikers consiguieron escapar de las dificultades.
“El circuito en sí, los 40 kilómetros, fue muy retador y entretenido. Se ponía un poco más seco, después más mojado y resbaladizo”, explicó Soro.
En algún punto, el terreno terminó ganándoles una batalla. “Los dos nos caímos, nos resbalamos en una y nos pegamos una piña contra el suelo, como le dicen acá”, relató entre risas.
Hunter había llegado a Tucumán sin saber exactamente qué iba a encontrarse. Acostumbrado a recorrer senderos alrededor del mundo, la geografía tucumana consiguió sorprenderlo. “I absolutely loved it (Me encantó)”, resumió el canadiense. “No sabía qué esperar, pero el paisaje era hermoso”, agregó sobre su experiencia.
Sin embargo, su curiosidad por Tucumán no terminaba arriba de una bicicleta.
Antes de viajar, algunos amigos ya le habían hablado de otra parte de la experiencia: la comida. Particularmente, de las empanadas.
“La cultura de este lugar fue una parte muy importante de la atracción para venir. Mis amigos me decían: ‘Tenés que ir y probar las empanadas’”, contó Hunter.
Soro amplió la lista. Hubo empanadas, carnes y asados durante una estadía en la que la recepción tucumana terminó trascendiendo ampliamente lo deportivo.
“Ha sido todo espectacular. Realmente fue increíble y nos hemos sentido parte de acá”, aseguró.
El Trasmontaña terminó regalándoles algo diferente a los dos. Hunter descubrió por primera vez los senderos, los paisajes y la cultura tucumana. Soro, en cambio, consiguió algo que difícilmente olvidará. Durante 40 kilómetros dejó de mirar a uno de sus ídolos desde afuera. Esta vez corrió a su lado.