François Picaud mira las montañas tucumanas y, de alguna manera, vuelve a casa. No porque haya estado antes. De hecho, el Trasmontaña lo llevó por primera vez a Tucumán. Pero hay algo en ese paisaje que le resulta familiar. Antes de instalarse en Buenos Aires, cuando todavía vivía en Francia, parte de su infancia había transcurrido entre montañas.

“Cuando era chico viví en la montaña y ahora que estoy en Buenos Aires no la tengo. Estoy feliz de estar acá”, contó.

Su llegada al Trasmontaña es apenas el último capítulo de un recorrido que comenzó del otro lado del Atlántico. François estudió un máster en gestión de organizaciones deportivas y hace 11 años viajó a Argentina para realizar un intercambio que, en principio, iba a durar solamente uno.

Nunca regresó definitivamente. “Conocí a la madre de mis hijos. Tengo dos hijos que nacieron acá y son franco-argentinos”, explicó.

El deporte, aquel que había elegido como profesión antes de abandonar Francia, terminó funcionando también como hilo conductor de su vida argentina. Trabajó en marketing y organización de eventos, pasó por experiencias vinculadas a AFA y URBA y, hace dos meses, ingresó al área de marketing de Specialized.

Ese trabajo fue el que finalmente puso a Tucumán en su camino. “La empresa viene todos los años porque el Trasmontaña es un evento muy importante para el ciclismo y el mountain bike en Argentina y América”, señaló. Esta vez la marca llegó para acompañar la competencia, presentar nuevos modelos y participar de la exposición que rodea a una de las pruebas más tradicionales del MTB.

Para François significó, además, empezar a descubrir desde adentro un deporte que hasta ahora practicaba de manera recreativa. Su disciplina principal es el atletismo, aunque la experiencia tucumana parece haber despertado algo. “Estar acá me da muchas ganas. Me estoy metiendo en el mundo del ciclismo”, reconoció.

Quizás por eso el Trasmontaña también le permitió detenerse y mirar hacia atrás: aquel joven que estudió para trabajar dentro del deporte ahora recorría Argentina representando a una de las principales marcas del ciclismo mundial.

Y esa adaptación tiene otra explicación. Después de 11 años, asegura haber incorporado costumbres argentinas que alguna vez le resultaron ajenas. “Me gusta la facilidad con la que podés conocer gente y que no quede en algo superficial. El argentino es auténtico. Si algo no le gusta, te lo dice. Me gusta mucho esa calidez”, explicó.

Hasta incorporó el abrazo. Tanto que cuando regresó a Francia empezó a abrazar a sus amigos y encontró cierta resistencia. También adoptó el mate. “Cuando me ven tomando me dicen que soy un argentino más”, contó entre risas.

Esta vez, sin embargo, hubo algo nuevo para sumar a esos 11 años de argentinización. Entre bicicletas, barro y montañas, François finalmente conoció Tucumán. Y tenía que ser en el Trasmontaña.