“No sos fea, sos pobre”. Esta sentencia lleva un buen tiempo viralizada, por lo general junto a imágenes que muestran a mujeres famosas y a su “antes” de la fama. Es decir, antes de invertir grandes sumas de dinero en su aspecto físico. Cirugías estéticas, bótox y demás tratamientos faciales, cejas cuidadosamente perfiladas, pelo de peluquería, maquillaje profesional (y, por supuesto, estudiados filtros y retoques fotográficos). Mucha energía, tiempo y plata puestos en lograr una apariencia acorde con el modelo hegemónico de belleza. Es decir, con lo que el mandato socio-cultural considera “bello”.

También circulan fotos de hombres (por lo general, jugadores de fútbol), pero las bromas al respecto giran sobre todo en torno a las mujeres. Y esto es un problema porque, si bien sabemos lo irreal de esos modelos que fatalmente consumimos, es difícil que tales imágenes no distorsionen la nuestra. Llevándonos a pensar que, si nos esforzáramos más, podríamos alcanzar nuestra “mejor versión”.

Y es que... ¿cuántas pueden mirarse al espejo sin criticarse, sin querer cambiar algo, sin buscar “disimular” lo que no les gusta? Es innegable y perverso: demasiados factores complotan en contra del amor propio, con las consecuencias negativas que ya sabemos.

Hace unos años, una marca de productos de cuidado personal lanzó una campaña con un cortometraje llamado “Real Beauty Sketches” (“Retratos de la belleza real”), revelando hasta qué punto las mujeres tienen dificultades para apreciar su propia belleza.

Fue un ingenioso experimento social: le pidieron a siete mujeres que se describieran a sí mismas delante de un agente del FBI, artista forense (los separaba una cortina), para que éste hiciera un retrato en base a esa descripción. Luego, les dijeron a otras siete personas (desconocidas para las primeras) que describieran a esas mismas mujeres, de manera que el experto hiciera de ellas un segundo retrato.

¿Qué ocurrió? Resultaron ser dos imágenes completamente diferentes: la basada en la descripción hecha por un extraño era mucho más linda, feliz y, lo que es más notable, exacta. El impacto vital de esta distorsión podía adivinarse por la reacción emocional de cada una al encontrarse con semejante contraste entre ambos dibujos.

“Eres más hermosa de lo que piensas”, terminaba diciendo el corto. Hermoso.