Los diputados tucumanos César A. Fioretti y Oscar A. Brandán se enfrentaron en duelo en la madrugada del 14 de diciembre de 1932 en el predio del Polo Club en el parque 9 de Julio. Brandán había retado a Fioretti a raíz de expresiones de este en una tumultuosa sesión del 30 de noviembre, que consideró injuriosas al leerlas en el diario de sesiones.
Brandán (diputado por Río Chico) eligió que el lance fuese a pistolas. Sus padrinos fueron Raúl Frías Silva y Roberto Murga (segunda foto) Los de Fioretti fueron Rodolfo Sosa y Adolfo Piossek (en la primera foto se ve a Fioretti, de traje negro, con Piossek). La noche anterior, a las 21, fue elegido el árbitro, Roque Raúl Aragón, y el director del lance, Ercolino Lemme. Este llevó las pistolas reglamentarias, facilitadas por el señor Enrique García Hamilton. “Para adquirir las balas se chocó con ciertas dificultades derivadas de la hora avanzada en que se empezó a buscarlas, lo que hizo necesario que alrededor de las dos de la mañana entraran a una armería central uno de los padrinos y otra caracterizada persona, saltando por los fondos de una casa vecina”, dice la crónica de LA GACETA.
Poco antes de las 6 estuvieron todos en el campo, incluso el médico designado, Prudencio Santillán, rodeados por una multitud. El amanecer sorprendió a los duelistas tranquilos, midiendo los 25 pasos fijados como distancia.
El director los invitó a reconciliarse. Se negaron. Se quedaron con las pistolas bajas y a las 6,05 el señor Lemme dio la voz de “¡atentos!” seguida de tres palmadas. “Los dos estampidos se escucharon al mismo tiempo… no dando en el blanco ninguno de los disparos. El señor Brandán (que había disparado con la mano izquierda) miraba tranquilamente al frente en el momento del disparo, mientras que el señor Fioretti había vuelto la cara hacia atrás, no controlando la dirección de la bala”.
La gente pensó que Fioretti había resultado herido, pero luego movió la cara al frente.
El director los invitó a reconciliarse. Se negaron otra vez. Limpiaron las armas; el director las cargó y se enfrentaron nuevamente. “¡Atentos!, uno, dos… y sonaron los disparos. Ninguna de las balas dio en el blanco”.
No se reconciliaron. Entregaron las armas y se retiraron mientras recibían las felicitaciones de sus amigos. Eran las 6,18. Fueron al local de la Legislatura donde labraron las actas respectivas.