Con la definición de la fecha de la Asamblea universitaria (el 3 de septiembre) para la elección de las máximas autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán se relanzó la carrera electoral universitaria. Este fin de semana hubo negociaciones sobre las fórmulas que se van a presentar el viernes 21 en la Junta Electoral. Hasta ahora está clara sólo la de los opositores Miguel Cabrera y Virginia Abdala porque la oficialista quedó descabezada con la exclusión judicial de Sergio Pagani, que aspiraba a un tercer mandato y ahora, en silencio, se dedica a su empresa constructora. Su compañera de carrera, la ex vice Mercedes Leal, también está habilitada pero ha quedado descentrada sin la cabeza de lista y no sabe cómo podría recomponerse para seguir en la competencia. Ese apoyo generalizado de decanos que tenía hace dos meses la fórmula oficialista no parecía ser de apoyo a la gestión sino a la persona del ex rector. Así lo dejó entender hace días el secretario general de la UNT, José Hugo Saab, ante las cámaras de LG Play.
Preferencias
Puesto de lleno en el no declarado rol de eminencia gris que lo marca como sombra, Saab sugiere sus preferencias sobre Sergio Mohamed, decano de Ciencias Exactas y ex secretario de Obras y Planeamiento; Cristina Grunauer de Falú, decana de Derecho y actual vicerrectora subrogante que maneja una UNT que se mueve ralentizada como si estuviera en modo vacaciones; y Jorge Rospide, decano de Ciencias Económicas. Todos quieren encabezar la lista. ¿Y Mercedes Leal? ¿Presionará por ser candidata a rectora o aceptaría ser acompañante? En los días que ha pasado desde mayo cuando venció el mandato de las autoridades rectorales ha visto cómo era obligada a pasar a cuarteles de invierno sin que se haya caído su parte de la fórmula oficialista. Este martes se conocería la decisión sobre cómo se presentará el oficialismo, sin o con Mercedes Leal. Nadie habla. Las negociaciones electorales son como despiadadas travesuras en las que se van contando los electores de la asamblea universitaria que, dicho sea de paso, en estos comicios van a decir en voz alta, con nombre y apellido, su preferencia.
Como barrido bajo la alfombra está el tema de las decanas de Medicina y de Psicología, Liliana Mónica Tefaha de Chabán y Silvia López de Martín, respectivamente, denunciadas ante la Justicia Federal del mismo modo que Pagani, por haber accedido a un tercer mandato. ¿Puede ocurrir con ellas lo mismo que con el ex rector? Todos sus actos están en la incertidumbre y sólo los respalda la contundencia de los hechos consumados, aunque la Universidad sostiene que esas candidaturas estaban previstas en el nuevo estatuto (que empieza de cero con todo) y defiende la autonomía universitaria. Por eso ha ido con un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de la Nación contra el fallo de la Cámara Federal.
Contra los molinos de viento
Por su parte, Cabrera y Abdala reiteran la imagen del tren fantasma en que se encuentra la UNT, advierten que “estos malabares que se hacen desde el Rectorado le hacen mucho mal a la Universidad” y dicen: “hemos luchado contra los molinos de viento”.
Lo que queda es la sensación de que hay cero debate por detrás del silencio apabullante en que ha quedado la casa de altos estudios tras la pretensión de Pagani de un tercer mandato -sostenido por Saab- y el rechazo de la Justicia con la acción declarativa de certeza solicitada desde el comienzo por Cabrera-Abdala.
En medio de esta carrera electoral está la crisis de las universidades y del sistema científico, desfinanciados hasta niveles intolerables por el gobierno mileísta. Esta semana protestaron los científicos del Conicet y los gremios universitarios. ¿Hasta dónde forma parte esto de los debates de esta universidad silenciosa? La gestión de Pagani, que se fue discreto y callado, ha pasado sin sobresaltos económicos, orgullosa de su manejo financiero, de la recuperación del patrimonio y con el avance sobre el Estatuto universitario, y el arreglo tanto de las definiciones sobre la Ciudad Universitaria como del enorme lastre del escándalo YMAD. Esto la había desprestigiado hasta el tuétano desde que el ex rector Juan Alberto Cerisola hizo uso irregular de los millones de dólares que llegaron como utilidades de la minería.
La herencia de Cerisola
Cerisola, que había dejado una “escalerita” en sucesiones rectorales -su vice, Alicia Bardón, fue después rectora, y el vice de ella, “Pepe” García, asumió el rectorado, y su vice, Pagani, tuvo posteriormente el cargo- dejó también una herencia oscura que se explicitó medianamente con el extenso juicio YMAD por el que fue condenado (la causa está en apelación) pero que no ha dejado las cosas bien discriminadas, es decir cuándo hubo buen manejo de recursos y cuándo hubo corrupción. Ahí están en la Justicia federal, a la espera, varios procesos judiciales; uno contra Ramiro Moreno, filmado con una cámara oculta y acusado de ofrecer contratos por votos para la Asamblea Universitaria; otro contra Cerisola y Leandro Díaz por pago irregular de antigüedad a 17 funcionarios (está en casación penal); un tercero contra la ya condenada ex directora de Construcciones Universitarias Olga Cudmani por 77 millones de pesos que no habían sido rendidos; y un proceso contra una veintena de empresarios constructores que participaron en las obras pagadas de modo irregular por las que fue condenado Cerisola. En ninguno de los casos la Universidad tiene querellante y no se sabe por qué. Sólo lo tuvo en el de Cerisola, que es el que llegó a condena.
Todos esos casos son como complementarios de la causa que ha hundido al ex rector y que se ajustan a una misma matriz de corrupción. ¿Debería ser un tema de campaña? Se debería averiguar qué pasó con los millones de dólares de utilidades mineras que no fueron analizados en el juicio YMAD?
Tampoco se está debatiendo sobre la Universidad que se quiere - en el panorama de Guillermo Monti de ayer se cita que Cabrera plantea equiparar los sueldos de funcionarios con los de los docentes- ni sobre el lugar que ocupa en el concierto de las casas de altos estudios del país. Además, los estudiantes consultados por el periodista Matías Argañaraz hablan de la ausencia de debates, reniegan de la elección indirecta y dicen que los candidatos a los altos cargos de la UNT no son conocidos en la cancha de la comunidad universitaria. La campaña, ciertamente, acaso a causa de la intervención judicial o quizá por el pecado original de Pagani de tener dudas sobre su legitimidad como candidato, ha sido una “no campaña”. Una sin debates, sin discusiones, con decisiones hechas en travesuras electorales en los vagones del tren fantasma.