Por Alejandro Duchini

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

“El reloj marca treinta y cuatro minutos del segundo tiempo. Faltan seis para que se cumplan los ochenta reglamentarios y el resultado favorece al seleccionado argentino de rugby por 22 a 10. La hazaña ya se vislumbra: Los Pumas le van a ganar por primera vez a los famosos y temibles All Blacks. Es la tarde del sábado 14 de noviembre de 2020 en Australia, la madrugada en Argentina. El círculo de la historia está a punto de cerrarse”, se lee en las primeras páginas de ADN Puma - Gloria, caída y renacimiento del rugby argentino en la era profesional (Penguin Random House), el nuevo libro del periodista Jorge Búsico.

Especialista en rugby, Búsico detalla los años del despegue de este deporte en Argentina. Supera lo deportivo para abarcar otros ámbitos: mete al rugby en contextos sociales y políticos. Como cuando recuerda, también en las páginas iniciales, que “en la madrugada del sábado 18 de enero de ese mismo 2020, una patota integrada por jóvenes, que en su gran mayoría jugaban al rugby, asesinó a golpes y patadas en el suelo a otro joven de 18 años, Fernando Báez Sosa, en la vereda del boliche Le Brique, en Villa Gesell. El episodio, grabado y viralizado a través de todas las redes sociales, generó indignación y repudio en toda la sociedad, que colocó al rugby como el gran enemigo público”. “Las imágenes del caso se replicaron en un loop permanente. Y fue así como ‘rugbier’ dejó de ser un simple término deportivo para transformarse prácticamente en un insulto”, agrega.

“Hay una cultura Puma que va pasando de generación en generación. Desde aquellos primeros Pumas de 1930 a los Pumas de los 50, que son los primeros que compiten profesionalmente. Después están los del 65, que es cuando se genera el sobrenombre Puma: son quienes pusieron la semilla para lo que vino después”, dice Búsico sentado a la mesa de un bar del barrio de Almagro, donde durante casi dos horas desarrollará sobre la temática de su libro. Hablará de libros (entre los suyos, El rugido, sobre la fundacional gira del 65, es imperdible) y de periodismo, ámbito del que conoce muchísimo. No sólo porque integró redacciones de diarios y revistas en los tiempos del apogeo de la gráfica, sino también porque es uno de los directores de la escuela de periodismo TEA, que este año cumple cuatro décadas.

-¿Este ADN Puma podría leerse como una continuidad de El Rugido?

-Sí, una forma de completar la historia del seleccionado de rugby. No del rugby general, por supuesto, porque el rugby es mucho más que el seleccionado.

La Puma-manía

-ADN Puma va desde el surgimiento del profesionalismo a la actualidad.

-El Mundial del 99 lo tomo como referencia porque es el primero en el que Los Pumas pasaron la ronda inicial y se generó lo que se llamó en ese momento la Puma-manía, cuando varios jugadores se fueron a Europa. Ahí se dio un primer pasito hacia el profesionalismo, que acá era negado. Casualmente, el del 99 fue el primer Mundial que cubrí. Entonces me dije “voy a contar desde aquellos años para adelante”, que es el período hasta ahora más exitoso en la historia del seleccionado argentino. Tres semifinales mundialistas, una medalla olímpica, una final de Super Rugby, podio en Mundial de Seven y Mundial Juvenil. O sea, Argentina logró del 99 para acá estar en el podio de todas las competencias importantes del rugby, cosa que solamente lograron Nueva Zelanda y Sudáfrica.

-¿Por qué lo empezaste con la primera victoria de Los Pumas ante los All Blacks (25-15, en Sídney, Australia) en el Tres Naciones?

-En el texto me estaba poniendo yo en primer lugar, grave error. Segundo, estaba yendo a una cosa que iba a ser aburrida: un relato muy cronológico. Pero entrevistando a (el jugador) Tomás Cubelli empezamos a hablar de ese partido con los All Blacks. Coincidió con que varios entrevistados me hablaron de la jugada en la que Pablo Matera pescó la pelota definitoria. Ahí me dije: “Tengo que empezar con ese partido”, que es muy próximo al del no homenaje a Maradona. Todo en medio de la muerte de Diego y el asesinato de Báez Sosa. A partir de ahí, fluyó todo.

ADN Puma

-¿Cambió tu mirada sobre el rugby una vez terminado el libro?

-Pienso que es un deporte clasista, machista. Creo que lo que hicieron con Maradona fue una vergüenza y ellos hoy lo admiten abiertamente. Igual pasa con aquellos tweets racistas. Ni hablar si sumamos lo del asesinato de Báez Sosa. Lo que sí cambió mi mirada haciendo el libro fue que entendí que no había otra manera que pasarse al profesionalismo, por más que soy un acérrimo defensor de los clubes y su cultura del voluntariado. Ahora, mi mirada sobre rugby y sobre los Pumas sigue igual. No tengo amigos en Los Pumas, siempre mantuve una distancia muy grande por mi posición de periodista, no me metí en los terceros tiempos ni en las reuniones, no entré a los vestuarios, no me hago el simpático con los jugadores, no me saco fotos ni hago videos, jamás pedí una camiseta ni nada. Creo que es un deporte que tiene cosas muy buenas: la camaradería, el respeto al árbitro, el tercer tiempo, el ambiente de amistad, la deportividad por sobre la competencia hasta los 15 años. Todo eso es un sistema virtuoso. Pero el sistema que se hizo para el profesionalismo también fue virtuoso.

-¿Cómo llegan Los Pumas a identificarse con el interior del país?

-Porque a partir del 2007, cuando salen terceros en el Mundial, jugaron muy poco en Buenos Aires y mucho en el interior. Ahí se produjo esa identificación. Creció en Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Rosario, Mendoza, Salta y Jujuy. No se ha desarrollado en el sur por el clima, porque a veces por el viento un partido no se puede jugar, porque las distancias son grandes y las canchas no están en las mejores condiciones.

-¿Qué es lo que vuelve cada vez más atractivo al rugby argentino?

-Se popularizó en cuanto a que mucha más gente ve a Los Pumas y por ahí se engancha con el Seven, que es muy atractivo. Hay una nueva generación que lo único que ve del rugby es el Seven porque los divierte. El rugby tiene eso de que te golpeás con un adversario y no pasa nada, los jugadores se dan un abrazo, no hay histeria, no hay un entrenador gritando en la línea de cal.

Periodismo, esa pasión

-¿Escribir e investigar para este libro es una forma de ejercer el periodismo?

-Me lo propuse como una manera de hacer periodismo una vez jubilado. Quería, de alguna forma, cerrar tantos años de carrera de periodista especializado en rugby con un libro. De hecho, ahora me dedico más a TEA y Deportea, que me llevan mucho trabajo y son mi medio de vida. No me atrae nada de lo que hay de periodismo en la actualidad.

-¿Extrañás el periodismo de redacciones?

-Es que yo concebí el periodismo en una redacción, y eso no está más. Entonces, si vos me preguntas qué extraño del periodismo, tengo que decirte que no extraño escribir; extraño editar, estar en la trinchera, estar en una redacción rodeado de un montón de gente, cruzarme con el tipo del carrito del café, charlar con los periodistas de internacionales, de economía, intercambiar ideas, ir aprendiendo, plantar una página de última porque se cayó algo o porque hay una noticia de último momento, laburar con los fotógrafos, los momentos del taller. Eso no está más.

-El periodismo gráfico se acomodó a la web.

-Y la web también tiene una lógica muy parecida a la de la televisión, el clic y todo eso que, creo, arruina al periodismo. Entonces si voy a tener que trabajar para sumar clics, prefiero llevar adelante una escuela que trate de seguir otro modelo de periodismo. Hoy tengo más vocación por eso que por ejercer el periodismo, aunque uno nunca deja de ser periodista. Sigo mirando todo como periodista.

-¿Tenés algún tema pendiente, más allá del rugby?

-La gran oportunidad, y la perdí, fue cuando cubrí Wimbledon en el 2000 y me encontré con Guillermo Vilas, que fue invitado. Siempre tuve buena relación con Vilas, aunque no como la que tienen (Eduardo) Puppo, (Juan José)  Moro o (Luis) Vinker. Esa vez le hice una nota muy larga para Clarín, que ocupó tres o cuatro páginas. Hablamos como una hora encerrados en un cuartito que me cedió la ATP. Cuando terminó la entrevista le dije “¿cómo puede ser que no haya un libro de tu vida?”. “¿Vos no te animás a escribirlo?”, me preguntó. “Claro que me animo”, le dije. “Bueno, llamame acá”, y me escribió en mi libreta un número de teléfono suyo en Francia. Nunca lo llamé, no sé por qué. Se me pasó el tren.

-¿Por qué se ama tanto al rugby en Argentina?

-Porque tiene pasión: a la tradición que dejaron los ingleses se le suma la pasión que le ponen los argentinos. Para la gente del ambiente, el club es como su segunda casa: pintan la línea de cal, ponen los postes, organizan los terceros tiempos, organizan el micro para llevar a los chicos, todo voluntario. Nadie cobra un mango, nadie se lleva nada y todos ponen. Sin dudas, hay un ADN del rugby. Y también de Los Pumas.

© LA GACETA

Perfil

Jorge Búsico nació en Buenos Aires, en 1958. Periodista desde 1978, trabajó en las agencias NA y DyN, y en la revista Goles Match. Fue jefe de Deportes en los diarios La Razón, Sur y Página/12, prosecretario de Redacción en Clarín y columnista de rugby en La Nación. Es autor de los libros Ser Puma (Planeta), Deporte Nacional (Emecé) y El Rugido (Club House). Es uno de los directores de la escuela de periodismo TEA y fundó el blog Periodismo-rugby. Cubrió como enviado especial los últimos siete mundiales de rugby.