Antes de ser campeón argentino, de subirse a un podio panamericano y de empezar a pensar en un Mundial, Facundo Cayata era simplemente un chico que observaba con curiosidad el movimiento que generaba el Abierto del NOA cada vez que atravesaba San Pedro de Colalao. La particularidad era que no necesitaba trasladarse hasta el circuito para verlo: la carrera pasaba prácticamente por el fondo de su casa.
“Me levantaba, abría la puerta y veía pasar a los corredores. Así empezó a gustarme el mountain bike”, recuerda Cayata, que nació en San Miguel de Tucumán, pero se mudó a San Pedro cuando tenía alrededor de un año. Allí creció y comenzó a construir una relación con el ciclismo que también tenía antecedentes familiares: su abuelo había corrido en ruta.
En 2017 decidió probar por su cuenta y eligió el mountain bike. Desde entonces inició un recorrido que hoy, con 22 años, lo encuentra como campeón argentino Sub-23 y a pocos días de afrontar dos desafíos importantes. Primero estará el Rally Trasmontaña, que correrá hoy junto al histórico Darío Gasco, quien buscará alcanzar las siete victorias en la clasificación general; después llegará el Mundial de Italia.
Una medalla que revolucionó San Pedro
El primer gran resultado de Cayata llegó apenas dos años después de haberse iniciado en la disciplina. En 2019 viajó a México para disputar un Campeonato Panamericano sin demasiadas obligaciones: quería conocer el nivel internacional y acumular experiencia. El resultado superó ampliamente aquellas expectativas.
“Fui principalmente para sumar experiencia y para ver qué nivel tenía el mountain bike fuera de Argentina. Terminé consiguiendo la medalla de plata y en San Pedro fue una locura. Cuando volví me hicieron una caravana como si hubiese llegado un jugador de la selección argentina, como si hubiese llegado Messi (Lionel)”, cuenta.
Aquella recepción reforzó un vínculo que, según Cayata, había empezado mucho antes de los resultados importantes. “Lo que más valoro es que no son personas que aparecen únicamente cuando llegan los éxitos. Estuvieron siempre”, destaca. Aunque actualmente vive en San Miguel de Tucumán, sigue considerando a San Pedro como una parte inseparable de su identidad deportiva.
“Es lo primero que se me viene a la cabeza cuando corro. Desde cuando todavía no tenía ningún resultado importante recuerdo a la gente alentándome en el circuito y preguntándome cómo me había ido. Cada vez que corro represento a San Pedro, a Tucumán y, obviamente, a Argentina”, afirma.
El título argentino que se había hecho esperar
Ese crecimiento tampoco fue lineal. El Campeonato Argentino se había convertido durante los últimos años en una especie de cuenta pendiente: Cayata llegaba con buenas expectativas, pero por diferentes motivos no conseguía traducirlas en el resultado que buscaba.
“Llegaba al Argentino con muchas expectativas y después las cosas no terminaban saliendo. No podía subir al podio; terminaba cuarto o quinto”, explica. En abril, en Mendoza, finalmente rompió esa barrera y se consagró campeón argentino en su última temporada dentro de la categoría Sub-23.
“Era un objetivo que tenía muy metido en la cabeza. Poder conseguirlo justo en mi último año como Sub-23 fue muy importante”, señala. La conquista, además, formaba parte de un proyecto más amplio: “Ser campeón argentino estaba directamente relacionado con otro de mis grandes objetivos: competir en el Mundial”.
Ese objetivo también se cumplirá. El 30 de agosto, Cayata estará en Val di Sole, Italia, para disputar el Mundial y medirse con los mejores corredores Sub-23.
Un Mundial con los pies sobre la tierra
La competencia también le permitirá enfrentarse a una realidad diferente de la que encuentra habitualmente en el país. Cayata considera que las diferencias no pasan solamente por el nivel deportivo, sino también por la estructura con la que cuentan los ciclistas europeos para desarrollarse.
“Allá el ciclismo es prácticamente un deporte profesional y acá todavía tiene mucho de amateur, sobre todo el mountain bike. Uno acá tiene que estar juntando fondos para poder viajar y allá tienen un equipo que los respalda, patrocinadores de cubiertas, repuestos de bicicleta, nutrición, de todo”, describe.
En ese contexto, prefiere ser prudente al hablar de resultados. Sabe que se encontrará con los mejores de su categoría y evita ponerse una exigencia desmedida antes de vivir su primera experiencia mundialista. “Sinceramente, pensar en un podio sería muy difícil. Obviamente uno va con las mejores expectativas, pero tampoco hay que ser fantasioso. Conseguir un Top 10 o un Top 20 sería algo magnífico”, admite.
El viaje está previsto para el 21 de agosto, nueve días antes de la competencia. Cayata permanecerá alrededor de 20 días en Italia y pretende aprovechar la experiencia no sólo para competir, sino también para descubrir dónde está parado frente a corredores que disponen de una estructura profesional durante buena parte de la temporada.
Antes de Italia, el Trasmontaña
Sin embargo, antes de pensar exclusivamente en el Mundial tendrá otro desafío importante. Este domingo correrá el Rally Trasmontaña junto a Gasco, ganador de seis clasificaciones generales y uno de los protagonistas históricos de la prueba.
“Tiene muchísima experiencia, así que la idea es aprovechar todo lo que sabe y ver qué sale el domingo”, explica Cayata. Será su primera participación juntos en el Trasmontaña, aunque no su primera experiencia como pareja: en 2022 compartieron una competencia en Catamarca y terminaron segundos en la clasificación general.
Los sacrificios detrás de los resultados
La evolución de Cayata, que lo posiciona entre los ciclistas argentinos con mayor proyección, puede medirse en medallas, títulos y competencias internacionales, pero él encuentra otra explicación para el recorrido realizado desde que comenzó a pedalear en 2017. Considera que uno de los mayores aprendizajes fue entender que en el ciclismo los resultados necesitan tiempo y que acelerar los procesos suele ser imposible.
“No vas a mejorar de un mes para otro. Hay que respetar los procesos, tener paciencia, confiar en el entrenador y también confiar en uno mismo”, sostiene. Esa elección también implica resignar parte de la vida cotidiana para cumplir con entrenamientos y competencias.
“A veces no podés ir a reuniones familiares por los entrenamientos, juntarte con amigos o salir de noche. Es un deporte muy sacrificado y para hacerlo realmente tenés que quererlo”, resume.
Cayata parece haber encontrado esa convicción en aquellas primeras bicicletas que veía pasar por San Pedro de Colalao. Nueve años después de decidir que quería probar ese deporte que atravesaba el fondo de su casa, ya fue medallista panamericano, consiguió el título argentino que se le resistía y se prepara para competir en un Mundial. El escenario cambió por completo; el punto de partida, en cambio, sigue acompañándolo cada vez que se sube a la bicicleta.