La incertidumbre se convirtió en una de las principales marcas de una generación que intenta definir cómo relacionarse, formar una familia, construir su identidad y proyectar su futuro. En ese camino, los modelos tradicionales de pareja y familia fueron cambiando, mientras las redes sociales transformaron la manera de conocer personas, sostener vínculos y enfrentar nuevas expectativas. El diagnóstico surge de una investigación realizada por Enter Comunicación junto con la consultora Reyes Filadoro, que abordó la problemática juvenil a través de distintas metodologías: grupos focales, encuestas cuantitativas y escucha social de las conversaciones en redes. El trabajo constituye el tercer capítulo de una serie de informes que busca comprender qué preocupa, moviliza y condiciona a este segmento de la población.
Pablo Pérez Paladino, consultor y analista político, explicó a LA GACETA que los resultados muestran a una juventud que intenta encontrar su lugar en una sociedad que cambia cada vez más rápido. “Los jóvenes no saben mucho dónde pararse. Hay muchas inseguridades y muchos sentimientos adversos”, señaló. Uno de los datos que más llamó la atención del estudio es que el 68% de los hombres afirma sentirse confundido respecto de qué se espera actualmente de ellos. Para el especialista, parte de esa incertidumbre está vinculada con la transformación de los roles tradicionales.
Durante generaciones, explicó, el hombre era concebido como el sostén económico del hogar, mientras que la mujer quedaba asociada principalmente a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos. Ese modelo cambió, pero las nuevas referencias todavía no parecen estar completamente consolidadas. “Muchos se sienten en la necesidad de cómo pararse frente a la sociedad, cómo separarse de lo que hicieron nuestros padres”, contó.
A esa transformación se suma una dificultad concreta: la económica. Una de las frases que apareció con frecuencia en los grupos focales resume, según el especialista, el contraste entre generaciones: “Nuestros padres para vivir necesitaban solamente un trabajo; ahora yo tengo que buscar tres trabajos para poder sostenerme”.
La imposibilidad de alcanzar cierta estabilidad también repercute en las decisiones afectivas. Muchos jóvenes aseguran querer formar una familia, pero encuentran obstáculos económicos que hacen que ese proyecto parezca cada vez más lejano. “Eso también, en cierto punto, los frustra a la hora de decir: ‘¿Formo una familia o no formo una familia?’”, planteó.
Relaciones más rápidas y menos compromiso
El escenario también se modifica en el terreno de las parejas. La investigación detectó una tensión entre el deseo de construir vínculos duraderos y una dinámica social que favorece relaciones más inmediatas y, en algunos casos, descartables. Para el analista, la enorme cantidad de posibilidades que ofrecen las redes sociales y las nuevas formas de conocer personas puede terminar jugando en contra de la construcción de relaciones sostenidas en el tiempo.
“Como hay tanta oferta, entre comillas, se aburren rápido y cambian”, sostuvo. En ese contexto, aparecen dificultades para desarrollar paciencia, sostener un proyecto compartido y asumir compromisos a largo plazo. “Los corre un poco del compromiso”, resumió.
La lógica de las redes también atraviesa las relaciones sentimentales. Pérez Paladino recordó un estudio anterior sobre los jóvenes y las plataformas digitales, en el que habían definido esa relación como un “amor tóxico”: una combinación de necesidad, exposición, rechazo y dependencia.
Los jóvenes pueden cerrar sus redes por un tiempo, volver a abrirlas, sentir la necesidad de mostrarse y, al mismo tiempo, querer desaparecer de la exposición pública. Los comentarios negativos, los llamados “haters” y la comparación permanente agregan presión a una generación que creció con una vida social cada vez más digitalizada.
El influencer como modelo y la frustración de no llegar
La competencia tampoco se limita al terreno afectivo. Las redes sociales instalaron modelos de éxito que pueden resultar difíciles de alcanzar. La imagen de influencers que consiguen millones de seguidores desde un teléfono o una computadora, sumada a las modas, la ropa y los estilos de vida que circulan en las plataformas, genera nuevas expectativas. “No es para todos tampoco eso”, remarcó Pérez Paladino.
El problema aparece cuando esas excepciones se convierten en modelos de referencia. La comparación constante puede generar frustración, miedo y una sensación de quedar atrás frente a los demás. “Vemos una cuestión muy fuerte en los chicos y en los jóvenes con el uso de las redes sociales”.
Una brecha entre lo que sienten hombres y mujeres
Otro de los hallazgos del estudio es la distancia que existe entre las percepciones de hombres y mujeres frente a distintas situaciones cotidianas.
Pérez Paladino señaló que la investigación encontró diferencias importantes en cuestiones vinculadas con la vestimenta, la posibilidad de encontrar pareja, el compromiso y la forma de entender la masculinidad.
Mientras los hombres aparecen atravesados por la presión de mostrarse fuertes y evitar exhibir debilidad, las mujeres manifiestan temores que incluso modifican comportamientos cotidianos.
“Habíamos visto que modificaban horarios, vestimenta, incluso recorridos en su comportamiento cotidiano por el hecho de tener ciertos miedos”.
También aparece una diferencia en torno a las relaciones de pareja: según el análisis presentado, los hombres manifiestan mayores dificultades para encontrar pareja que las mujeres, otro indicador de que las transformaciones en los vínculos no son experimentadas de la misma manera por ambos géneros.
¿Qué pasa con los jóvenes tucumanos?
Aunque el estudio tiene alcance nacional, las tendencias que describe forman parte de un escenario social que también atraviesa a Tucumán. La incertidumbre económica, las dificultades para independizarse, la necesidad de acumular trabajos y la postergación de proyectos personales son fenómenos que no se detienen en los límites geográficos.
En una provincia donde una parte importante de los jóvenes enfrenta dificultades para acceder a empleos estables y construir un proyecto de vida autónomo, el contraste entre el deseo de formar una familia y las posibilidades reales de hacerlo adquiere una dimensión particular.
A esto se suma el peso de las redes sociales en las nuevas generaciones tucumanas, que, al igual que en el resto del país, conviven con modelos de éxito, consumo y vínculos que se actualizan permanentemente.
Para Pérez Paladino, de todos modos, el fenómeno no se limita exclusivamente a quienes tienen entre 18 y 30 años. La transformación de las formas de relacionarse y las inseguridades que genera alcanzan progresivamente a otros grupos etarios.
“Esta cuestión de la sociedad líquida, de cuestiones que hoy la comunicación y las redes sociales y la sociedad en la que vivimos nos interpelan, cada vez nos interpela mucho más rápido”, sostuvo.
El voto joven, otra preocupación
La investigación también tiene una motivación política. Desde su trabajo en comunicación, Pérez Paladino explicó que gobiernos y candidatos consultan cada vez más por la importancia del voto joven y por las estrategias para acercarse a ese electorado.
De allí surgió parte del interés por estudiar en profundidad a este segmento. “Es un segmento que se está modificando constantemente”, afirmó.
El desafío para la política, entonces, no pasa solamente por identificar qué propuestas pueden atraer a los jóvenes en una elección. También implica comprender qué los preocupa, cómo construyen sus vínculos, qué expectativas tienen sobre el trabajo, qué lugar ocupan las redes en sus vidas y por qué muchos sienten que el futuro se volvió más difícil de proyectar.
En ese escenario, los jóvenes argentinos -también los tucumanos- parecen transitar una paradoja: quieren estabilidad, pero viven en un contexto que premia la velocidad; buscan vínculos duraderos, pero tienen más opciones que nunca para reemplazarlos; quieren formar una familia, pero encuentran cada vez más obstáculos económicos para hacerlo. Y, en medio de esos cambios, todavía intentan responder una pregunta básica: qué significa hoy construir una vida propia.