La vejez suele aparecer asociada con las pérdidas, las limitaciones y aquello que inevitablemente queda atrás. Domingo Colombres decidió mirar en la dirección opuesta. En “Bosque de flores”, su segundo libro, propone pensar esa etapa de la vida lejos de la resignación, más bien como una oportunidad para descubrir nuevas formas de plenitud. Para eso propone tres pilares que considera fundamentales: el propósito, el arte y la conversación. El resultado es una obra que combina relatos, reflexiones, poesía, citas, ilustraciones y estadísticas sobre un tema que, tarde o temprano, alcanza a todos.
Desde su experiencia empresarial y dirigencial, pero también desde las vivencias y preguntas que lo llevaron a descubrir la escritura como herramienta de transformación, Colombres construye una invitación a ocuparse de la propia vejez y a generar las condiciones para que sea vivida con dignidad, integración y esperanza. De todo eso habló en esta entrevista.
- “Bosque de flores” propone una visión esperanzadora de la vejez, en un tiempo en el que suelen predominar los discursos sobre las pérdidas. ¿Qué te impulsó a escribir un libro que se sitúa deliberadamente en la otra vereda?
- Debo reconocer que la vejez es un tema que no figuraba en mi agenda. Fue, justamente, haber leído sobre pérdidas y limitaciones en esta etapa lo que me impulsó a emprender este desafío. Entendí que muchas personas mayores la estaban pasando mal y que, al ser una etapa que a todos nos tocará transitar, resulta imprescindible tomar consciencia de esta realidad y, a partir de allí, prepararnos para vivirla lo mejor que podamos.
- En uno de los capítulos reflexionas sobre el peso que tiene la palabra “viejo”. ¿Crees que el lenguaje condiciona la manera en que la sociedad mira a las personas mayores y, en consecuencia, cómo ellas mismas viven esa etapa de la vida?
- Es una perspectiva interesante que no había tenido en cuenta (el lenguaje condicionando el significado de la palabra ¨viejo¨). Me encanta, porque de eso se trata, de generar en los lectores preguntas que nos lleven a nuevas reflexiones. Al escribir analicé el peso de esta palabra desde las reacciones que genera: en algunas personas causa simpatía, en otras un rechazo rotundo. El libro busca sumar adeptos para el lado de la simpatía. Volviendo a la pregunta, no tengo dudas de que el lenguaje condiciona. La manera en que la sociedad se refiere y trata a las personas mayores influye en sus emociones. Por eso, la propuesta es doble: por un lado, generar un trato social más humano y respetuoso, y por el otro, brindar a los adultos mayores herramientas para una convivencia donde se sientan plenamente integrados y valorados.
- El libro combina relatos reales, reflexiones ensayísticas, poesía, citas de pensadores, ilustraciones e incluso datos estadísticos. ¿Cómo fue el proceso de encontrar un equilibrio entre esos registros tan diversos?
- Descubrí en grande que expresar mis ideas, sentimientos o mensajes de cualquier índole a través de la escritura me apasiona. Una de las partes más emocionantes al escribir un libro es cuando sentís que lograste, justamente, ese equilibrio que mencionás. El proceso de ensamblar un libro nos genera un permiso especial para buscar, corregir, cambiar estructuras, ajustar tonos, analizar coherencias, encontrar la palabra precisa, mirar desde otra perspectiva. Y de repente, cuando sentís que esas piezas encajan, la satisfacción es enorme. Significa que llegaste al lugar buscado después de un gran esfuerzo y es donde estás a gusto. Quise escribir “Bosque de flores” para el común de los mortales, con un lenguaje sencillo, ágil y que exprese un mensaje optimista.
- ¿Cuáles son, a tu juicio, las claves para transformar esos años en una etapa de plenitud y no solamente de supervivencia?
- En primer lugar, tomar consciencia de que la naturaleza ha dispuesto que cada etapa de la vida tiene su propia dinámica, con sus fortalezas, pero también con limitaciones. Debemos disfrutar y hacernos fuertes en lo que la naturaleza aun nos permite realizar y no desgastarnos en lo que ya no podemos. Si tuviese que proponer un camino más concreto destacaría tres pilares: el propósito, el arte y la conversación. Son tres conceptos sobre los que vale la pena reflexionar, están disponibles para todos. Quienes se animen a realizar el ejercicio no tengo dudas de que se sorprenderán por los beneficios que aportan, y si logramos sinergia entre ellos mucho mejor todavía.
- Hacia el final incorporás estadísticas sobre el aumento de la expectativa de vida y el envejecimiento de la población. ¿Pensás que nuestras sociedades están preparadas para este cambio demográfico o todavía persisten prejuicios y estructuras que relegan a los adultos mayores?
- Creo que la mayoría de las personas llega a la vejez sin darse cuenta, transitándola por la inercia de la vida diaria. A algunos les va bien, a otros regular y al resto mal. Siento que, por un lado, en el ámbito gubernamental, empresarial o institucional y, por el otro, en la prestación de servicios de salud, educación y recreación, está faltando una mirada estratégica y transversal que incluya a las expectativas de vida y el envejecimiento de la población. Como punto de partida deberíamos tomar consciencia de esta realidad, ya presente entre nosotros, para adaptar nuestras estructuras y garantizar que el envejecimiento de la población venga acompañado por dignidad y plenitud.
- Tu trayectoria profesional se desarrolla en el ámbito empresarial y luego encontraste en la escritura un nuevo camino de expresión. ¿Qué te aportó esa experiencia previa a tu manera de observar a las personas y de narrar la condición humana?
- Ha sido un viaje de ida y vuelta. En su momento, el exceso de actividad no tan solo empresarial, sino también dirigencial afectó mi salud, y en la búsqueda de respuestas para resolver esta situación me topé, casi por accidente, con la escritura. Esta secuencia completa me aportó la materia prima: vivencias cotidianas, el trato constante con las personas y la observación de la condición humana. Sin embargo, la escritura también enriqueció mi perfil empresarial; me enseñó a analizar los problemas desde múltiples perspectivas, a valorizar el poder transformador de la palabra, a cultivar conversaciones profundas, a buscar claridad y precisión en los mensajes. Entiendo que hoy esa sinergia entre empresa y escritura potencia lo que pueda generar en cualquiera de estos ámbitos.
- “Bosque de flores” es tu segundo libro, después de “La vida misma”. ¿Qué continuidad encontrás entre ambas obras?
- Escribí “La vida misma” pensando en los jóvenes y adultos, buscando motivar una pausa que los ayude a rescatar las herramientas o habilidades personales que normalmente están disponibles y con poco uso. Cuando me di cuenta de que había omitido a la vejez -esa etapa a la que todos aspiramos a llegar- sentí la necesidad de saldar esa cuenta pendiente. “Bosque de flores” es una continuidad de esa primera obra, solo que escrito desde una postura más relajada y fluida. Me sentí mucho más cómodo y natural que en “La vida misma”. Incluso encontré una manera de transmitir mensajes a través de relatos. Entiendo que encontré un estilo propio que espero perfeccionar. En definitiva, siento que evolucioné como escritor.
- Después de recorrer las páginas de “Bosque de flores”, ¿con qué idea o sentimiento te gustaría que se quedara el lector?
- Es evidente que a la vejez no se la vive igual cuando faltan buena salud, solvencia económica, actividad social. Tampoco es lo mismo opinar desde la vivencia que siendo observador. Cada realidad es diferente. Sin embargo, al margen de cuál sea el punto de partida, siempre se puede intentar transitarla de la mejor forma posible. El libro no propone fórmulas ni recetas; sencillamente es una invitación cordial a reflexionar sobre este tema con el objetivo de que cada uno pueda encontrar su propio bosque de flores, de que cada uno se ocupe de su propia vejez. El libro invita a generar el contexto para que nuestros viejos (y algún día nosotros) transiten esta etapa de la vida de la mejor manera posible. Me gustaría que el lector -sin importar la edad- se quede con la certeza de que “Bosque de flores” es una obra que acompaña, que estará allí, disponible, esperando, siempre a disposición para cuando necesite un mensaje optimista sobre este tema.