Antes de la invención de los despertadores mecánicos masivos y los teléfonos celulares, la humanidad recurrió a una combinación de hábitos biológicos, herramientas ingeniosas, factores ambientales y hasta profesiones dedicadas exclusivamente a despertar a la gente. Dejar de dormir en un determinado momento a lo largo de la historia de la humanidad fue una necesidad y no tan simple como en la actualidad. Los métodos para detener el sueño no dependían de programar algún artefacto apretando botones, dando cuerda a un par de engranajes o tocando una pantalla.

Por el contrario los sistemas requerían montajes e incluso exigencias físicas. En ese rango se situaban los despertadores humanos o Knocker-Up que durante la Revolución Industrial en el Reino Unido e Irlanda (siglo XIX y principios del XX), era una profesión formal. 

Quienes los contrataban eran los obreros y trabajadores para asegurarse llegar a tiempo a las fábricas. Ellos utilizaban palos largos, cañas de bambú o cerbatanas para disparar arvejas secas contra las ventanas de los pisos altos hasta asegurarse de que el cliente se levantara. ¿Cómo se despertaban los knocker-up? Los despertaban muy temprano otros trabajadores nocturnos (como los serenos) o simplemente dormían durante el día.

EN ACCIÓN. Así trabajaban los despertadores humanos durante la Revolución Industrial.

En el entorno

La naturaleza y las señales ambientales también fueron protagonistas de los despertares del planeta. La vida agrícola dependía de la luz. Las casas se orientaban hacia el este y no existían persianas tupidas como las actuales, por lo que los primeros rayos de sol marcaban el fin del descanso. 

Los animales de granja fueron otro método que en varias partes del mundo se sigue usando. Los gallos son los más conocidos en cumplir la misión de despertador porque cantan al detectar la luz del amanecer debido a sus ritmos biológicos internos. Su canto proyectado a gran distancia servía -y sirve- de alarma colectiva en áreas rurales.

En pueblos y ciudades europeas, las iglesias o ayuntamientos marcaban las horas del día y la primera misa de la mañana, sirviendo de aviso general.

Dispositivos e inventos mecánicos antiguos

Antes de la electricidad, se crearon mecanismos basados en elementos naturales para medir el tiempo y generar ruido. Las velas graduadas consistían en marcar líneas horizontales en una vela e insertar clavos metálicos a distancias fijas. A medida que la cera se consumía durante la noche, el clavo caía sobre un plato o bandeja de metal, generando un ruido seco que despertaba al durmiente.

En la antigua Grecia y Roma, filósofos como Platón diseñaron sistemas donde el agua caía lentamente en un recipiente; al llenarse, desplazaba aire a través de un silbato o hacía caer piedras sobre un escudo metálico para hacer sonar una alarma. En China, se utilizaban barras de incienso de combustión lenta marcadas con pesos suspendidos por hilos. Cuando el fuego quemaba el hilo, el peso caía sobre un recipiente metálico generando ruido. 

Muchas culturas aborígenes norteamericanas utilizaban un método fisiológico simple: beber grandes cantidades de agua antes de irse a dormir. La necesidad urgente de orinar al cabo de unas horas obligaba al guerrero o cazador a despertarse antes del amanecer.

La modernidad

Si hay que marcar el momento en que nació el concepto de despertador "moderno" tal como lo entendemos (programable y de uso personal), el hito clave fue 1847 con Antoine Redier. El inventor francés patentó el primer despertador mecánico con hora de alarma ajustable. Por primera vez, el usuario podía fijar libremente la hora a la que quería que sonara la campana metálica mediante un dial auxiliar. Fue la electricidad en la década de 1930 lo que le sumó precisión absoluta y nuevas funciones como la radio y el botón de posponer.