En la comitiva de periodistas que acompañó al presidente Nicolás Avellaneda en el primer viaje en tren, en 1876, estaba Miguel Cané. El futuro autor de Juvenilia publicó en el artículo “La selva de la Yerba Buena” (1919) el impacto que le produjo el paseo a caballo a San Javier. “Jamás he visto una vegetación semejante”, dijo. Contó que había viajado por varias partes del mundo y que “todo es pálido, todo cede ante la opulencia agobiadora del suelo tucumano”, y lo describe: “laureles gigantescos... levantándose al cielo arrogantes y esbeltos; lianas y enredaderas monstruosas... un arroyo que parece correr sobre un lecho de diamantes... precipicios profundos a ambos lados del camino, cuyo fondo no se alcanza a ver, y allá lejos el valle entero de Tucumán surcado por mil ríos”.
El texto fue reproducido en las Miradas sobre Tucumán de la Fundación Miguel Lillo (2016). La imagen de San Javier fue publicada en el Álbum del Centenario (1916).