En los años de Mundial, el hockey suele empujar recuerdos. Pasa ahora, en 2026, cuando Las Leonas vuelven a instalarse en el centro de la escena y, con ellas, reaparece una postal que en Tucumán todavía conserva un brillo especial: aquella semana de junio de 2018 en la que el seleccionado argentino eligió a Natación y Gimnasia para jugar sus últimos amistosos antes de viajar a Londres. No fue una visita más. Tampoco una escala protocolar dentro de la preparación. Tuvo otro peso. Fueron cinco partidos contra Estados Unidos, pero sobre todo fue la confirmación de lo que implicaba que uno de los grandes seleccionados del deporte argentino mirara hacia el interior para despedirse del país.
La historia empezó incluso antes del primer partido. “¡Qué despliegue!”. Así describió LA GACETA la llegada del plantel al aeropuerto Benjamín Matienzo, el domingo 10 por la noche. Las jugadoras aterrizaron en medio de un movimiento poco habitual, subieron a los micros y partieron rumbo a la concentración en Tafí Viejo. La escena ya decía bastante. No se trataba de una delegación cualquiera: llegaba un seleccionado cargado de historia, títulos y prestigio, uno de esos nombres que terminan desbordando su propio deporte. Por unos días, ese recorrido pasaba por esta provincia.
Había, además, un detalle que volvía todo más cercano. Entre las convocadas estaba Victoria Sauze, que iba a ponerse la camiseta argentina en su tierra. LA GACETA lo resumió con una frase precisa: “Una ‘leona’ en casa”. La propia mediocampista también le dio forma a esa sensación. “Es una sensación única. Jugar para el seleccionado con toda mi gente es algo especial”, dijo “Vicky”, que encontraba en esa serie algo más que una escala de preparación. Esa mezcla entre elite y pertenencia terminó de darle a esos días un tono todavía más fuerte. La sede elegida no iba a alojar solamente una puesta a punto mundialista; también se iba a convertir, por un rato, en el escenario de una historia íntima.
El estreno terminó de confirmar que la expectativa no era exagerada. Era lunes, había empezado una semana laborable y, aun así, el estadio de Natación lució colmado. Argentina goleó 5 a 1 a Estados Unidos y dejó una postal que se repetiría durante varios días: tribunas llenas, nenas buscando una foto, familias enteras pendientes de cada jugada. Delfina Merino también se sorprendió por la respuesta. “No esperábamos tanta gente porque es un día de semana. Pero Tucumán, como sucede siempre en el interior del país, responde de esta manera apostando por este deporte”, declaró la capitana después del triunfo. Ahí estuvo una de las claves de aquella visita. El acompañamiento no fue decorativo ni eventual. Hubo una conexión real entre el equipo y la gente, como si la serie hubiera encontrado un clima que no necesitaba ser forzado.
La semana, además, tuvo vida por fuera de la cancha. Las Leonas inauguraron el césped sintético de arena de Villa Mitre, en Tafí Viejo; fueron distinguidas en la Legislatura y participaron de una firma de autógrafos en el shopping Portal Tucumán. Mientras tanto, en el estadio del parque 9 de Julio también había acción con Las Leoncitas y con el combinado local. Todo eso ayudó a darle espesor a la visita. No eran sólo amistosos. Durante unos días, el hockey se volvió tema, paisaje y movimiento.
Agustín Corradini dejó una lectura importante en medio de esos días. “Estoy contento y orgulloso de que la serie con Estados Unidos se juegue en Tucumán. Me siento muy agradecido con la gente de esta provincia que se acercó”, dijo el entrenador en un mano a mano con LA GACETA. Su declaración vale incluso más al ser leída a la distancia. Confirma que aquella elección no fue azarosa ni respondió a una simple cuestión de agenda. Hubo una decisión concreta de traer al norte una parte central de la preparación hacia Londres. También hubo una validación implícita: el marco, la organización y la respuesta del público estaban a la altura de una serie internacional. Estados Unidos, además, no era un rival menor. Llegaba como una selección exigente, en crecimiento, que también afinaba su puesta a punto para la Copa del Mundo. Las Leonas vinieron a trabajar en serio. Encontraron, además, el contexto adecuado para hacerlo.
Un pedido que no prosperó
El sábado llegó el cuarto triunfo, un 2 a 1 más ajustado, y ahí apareció una frase que hoy suena casi como una cápsula de tiempo. “Nos gustaría que la próxima despedida sea también en Tucumán”, declaró la arquera de la Albiceleste Florencia Mutio.
Martina Cavallero, por su parte, dejó otra imagen fuerte de lo que había significado jugar en ese marco. “Que durante los cuatro partidos esté prácticamente lleno, más el cariño de la gente, nos deja una motivación gigante de cara al Mundial”. Lo explicó la delantera después de otra noche en la que el equipo volvió a sentirse acompañado.
Eran palabras al paso, dichas en medio de una semana feliz. Con los años, sin embargo, adquirieron otro peso. Porque, al menos en este archivo, esa fue efectivamente la última vez que el seleccionado se despidió del país desde Tucumán. Por eso esas frases hoy se leen con una mezcla extraña de orgullo y nostalgia.
El cierre llegó el domingo 17 con otro 3 a 1 y una serie perfecta: cinco partidos, cinco triunfos. Al día siguiente, LA GACETA eligió una definición que todavía funciona como síntesis. “Fueron cinco noches mágicas las que vivieron los tucumanos con el hockey”. No parece una exageración. El seleccionado se fue invicto, el público acompañó hasta el final y el plantel partió rumbo a Buenos Aires para completar la preparación antes del Cuatro Naciones en Alemania y, después, del Mundial de Londres. Tucumán quedó atrás, pero no como una sede más. Quedó como ese lugar del interior que el hockey argentino eligió cuando necesitaba una despedida a la altura de su historia. Ocho años después, esa elección todavía dice bastante.