Si, era la 17° visita de la selección de Sudáfrica de rugby a la Argentina. Si, Los Pumas enfrentaban al mejor equipo del mundo y , si, enfrente aparecía un rival al que lograron vencer apenas cuatro veces en 40 partidos. Todo eso era parte de la receta para el partido perfecto en Buenos Aires. Y entre los 15 jugadores que pisaron la cancha para defender la camiseta argentina, estaba uno cumpliendo el sueño de su vida.

El partido frente a los Springboks marcó el debut de Francisco Moreno con Los Pumas.

Imagínense por un instante estar en el lugar del “Tanque”. A los 24 años empezó a recoger los frutos de un trabajo de años y recibió el llamado con el que sueña cualquier jugador de rugby. El estreno llegó en su país, con su familia acompañándolo y con Sudáfrica del otro lado, dispuesto a hacerle sentir desde el primer minuto lo que significa jugar contra el mejor del planeta.

Con el número 3 en la espalda, Moreno cantó el himno con lágrimas en los ojos. Cuando terminó, fue el primero en acercarse a la ronda del equipo. Segundos después, también fue el primero en correr cuando comenzó la jugada inicial, dispuesto a derribar al sudafricano que apareciera en su camino.

No necesitó demasiado tiempo para empezar a dejar su aporte. A los nueve minutos, una acción nacida a partir del scrum y continuada mediante un line-out terminó en el primer try argentino de la tarde. Hasta ahí, el marcador se había movido solo con penales. Moreno participó de la construcción de la conquista al contener a André Esterhuizen y evitar que derribara a Benjamín Grondona. El tercera línea consiguió apoyar y llevó el resultado al 8-3. Santiago Carreras convirtió después para establecer el 10-3. 

Moreno corrió detrás de cada pelota y estuvo donde el equipo lo necesitó. Arrancó ubicado sobre el sector derecho y aportó en todos los scrum junto al resto de la estructura argentina. Cada formación era una prueba en la cual el tucumano respondió durante los 40 minutos que le tocó jugar.

Después de ese comienzo, el partido entró en un tramo mucho más cortado. Durante alrededor de media hora hubo pocas intervenciones que amenazaran seriamente los ingoles. Los Pumas tuvieron una oportunidad que pudo terminar en una enorme jugada cuando Ignacio Mendy recibió la pelota y emprendió una corrida desde mitad de cancha. Trastabilló y la acción terminó antes de tiempo.

Los suplentes seguían entrando en calor y Felipe Contepomi mantuvo durante toda la primera mitad casi a la totalidad del equipo que había comenzado el encuentro.

Sudáfrica encontró su premio sobre el cierre. Edwill van der Merwe apareció por el sector izquierdo, avanzó sin oposición y apoyó el try visitante. La posterior conversión estableció el 10-10 con el que llegó el bocinazo del entretiempo.

Para Moreno, ahí terminó su participación dentro de la cancha. El complemento encontró al “Tanque” en el banco y fue la única modificación realizada en el descanso. Tomás Rapetti ocupó su lugar. También volvió Simón Benítez Cruz, quien había salido cerca del cierre de la etapa inicial.

Sudáfrica intentaba y no conseguía ejecutar con precisión. Los Springboks no podían imponer el juego que suelen proponer y Argentina encontraba oportunidades para seguir con vida en el partido. Algunas (muchas) quedaron en el camino. A los 45 minutos, Santiago Carreras tuvo un penal que no consiguió convertir.

Cinco minutos después comenzó una prueba enorme para la defensa argentina. Los minutos 50 y 51 parecieron interminables. Sudáfrica atacó una y otra vez buscando quebrar el ingoal argentino. Los Springboks insistieron desde muy cerca y Los Pumas resistieron cada intento. No cedieron y consiguieron mantener la igualdad.

Antes del comienzo, las estadísticas invitaban a imaginar otro desarrollo. Argentina había ganado cuatro de los 40 enfrentamientos previos. Una de esas victorias ocurrió en Santiago del Estero dos años atrás, una hazaña difícil de conseguir y que demostraba que repetirla tampoco era imposible.

Cuando empezó el partido, la ilusión apareció rápido. Los Pumas competían de igual a igual y todo indicaba que la definición podía quedar reducida a pequeños detalles. Así ocurrió.

El descanso le sirvió a Sudáfrica para reorganizarse y acomodarse. Para Argentina, en cambio, el complemento fue cuesta arriba. El encuentro que durante la primera mitad había podido manejar se convirtió en pura resistencia.

Hasta que a los 63 minutos la resistencia se terminó. El scrum argentino quedó a medias y Sudáfrica encontró el espacio que llevaba varios minutos buscando. Cameron Hanekom apoyó el try y Van der Merwe acertó la conversión para colocar el marcador 17-10 en favor de la visita.

El encuentro número 41 entre ambas selecciones quedó finalmente en manos sudafricanas. Los Springboks alcanzaron así su victoria número 36 frente a la Argentina.

Aun así, Los Pumas tuvieron una oportunidad hasta el último segundo. La bocina ya había marcado el final y la pelota seguía viva. Argentina podía empatarlo, estuvo a centímetros. Los jugadores avanzaron buscando un último try y Sudáfrica terminó devolviéndoles la misma resistencia defensiva que los argentinos habían mostrado durante buena parte de la tarde.

Para jugar en Los Pumas hace falta muchísimo más que jugar bien. Se necesita sangre, garra y corazón. Contra rivales de esta estirpe toca aguantar, aguantar cuando el rival empuja una vez, dos veces y vuelve a intentarlo. aguantar con lo que queda y también con lo que parece que ya no queda.

Así juega la selección argentina cualquiera sea la competencia. En un amistoso, en un Mundial o en un Rugby Championship. Este sábado lo aprendió Moreno desde adentro. Y cumplió.

Vendrán otros jugadores. Vendrán otros partidos. Para el “Tanque”, en cambio, este 8 de agosto va a quedar marcado para siempre. Entró a la cancha con lágrimas en los ojos y se fue sabiendo que alcanzó lo que persiguió durante años.

Su hermano lo había dicho horas antes, en diálogo con LA GACETA: “El ya es Puma para siempre”.