A raíz de publicaciones sobre el Cristo de la entrada de Yerba Buena, el lector Agustín Eugenio Acuña hizo llegar la siguiente carta:

El Cristo de Yerba Buena es de Salamone, no de Chiérico

Siempre me llamó la atención el Cristo que se encuentra a la entrada de Yerba Buena. ¿Por qué? No sé, quizás porque no era el típico Cristo, dado que tiene muchas líneas rectas, más parecido a un estilo cubista a lo Picasso. Sin embargo, deberían pasar muchos años y conocer la obra de Francisco Salamone para que mi cabecita hiciera el clic.

Así, solo con el paso del tiempo, pude darme cuenta de que el Cristo a la entrada de Yerba Buena era obra de Salamone. ¿Cómo? Sí, el famoso arquitecto usó el mismo Cristo en varias de sus obras. Así, puede observárselo por ejemplo en el cementerio de Azul o en el de Laprida (que es el segundo más grande de Sudamérica). En rigor de verdad, el yerbabuenense es igual a cualquiera de los que puso en toda la pampa bonaerense.

¿Pero seguro que es de Salamone? Carlos Páez de la Torre (h), en “El autor del Cristo” (LA GACETA, 07/04/09) afirmó que el autor de la obra fue Santiago Chiérico, escultor que vivió y enseñó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Tucumán en la década de 1940. El Cristo se inauguró el 20/02/41 bajo la intendencia de Julio Lozano Muñoz y la gobernación de Miguel Critto. ¿Cómo osar discutir con el gran historiador? Hace poco, la sección Recuerdos fotográficos del diario repitió la versión oficial en la que la autoría quedaba en manos de Chiérico (LA GACETA, 19/07/26, 24/07/26 y 25/07/26).

Chiérico trabajó para Francisco Salamone durante su período más famoso, durante la gobernación de Manuel Fresco. Así, quien diseñó el Cristo para el Cementerio de Laprida, fue el arquitecto, pero quien lo materializó fue el escultor (“El loco de las torres”, 20/04/10). Luego, como bien lo recuerda Martín Aurand (“Mondo Salamone”, 19/03/22), ese Cristo tuvo muchas copias, como el del acceso a Azul, sobre la ruta 3.

¿Y cuál es la fuente de todo esto que contradice la versión oficial? Pues de una carta que hizo el mismísimo Chiérico al historiador de Laprida, Hugo H. Diez, donde reconoce el encargo de Salamone mediante el correspondiente boceto que terminaría plasmado en la escultura de 11 metros en trozos, además de calificar un trabajo “insólito, en mi experiencia” (“La relación Salamone – Chiérico documentada”, 07/08/20).

¿Entonces? Pues Chiérico se limitó a hacer en tres dimensiones lo que Salamone plasmó en el papel. Fue un trabajo eminentemente técnico que, con el tiempo, sirvió para reproducir los Cristos en distintas partes a través de la matriz única, primera maqueta que utilizó el escultor para montar la obra primigenia en Laprida (“Los Cristos de Salamone – Chiérico”, 15/08/20).

¿Cómo llegó ese Cristo a Yerba Buena? Efectivamente, gracias a Santiago Chiérico. Pero no lo hizo por un encargo de la intendencia de Julio Lozano Muñoz ni de la gobernación de Miguel Critto. ¿Cómo? No. La obra llega merced a una donación que hace Chiérico a la ciudad de Tucumán, en agradecimiento a su designación como profesor en la Universidad Nacional de Tucumán (“Los Cristos de Salamone – Chiérico”, 15/08/20). Por supuesto, la donación la hizo a su exclusivo nombre. De allí que Páez de la Torre (h) lo considerase su autor. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué invisibilizó a Salamone? ¿Lo habían hablado? ¿El arquitecto estaba al tanto de la movida del escultor? ¿Fue una “picardía” del segundo? ¿O se tomó una licencia aceptada en su relación con el arquitecto? ¿Habrá tenido algo que ver el desembarco tucumano de Chiérico con el Cristo con el desempeño profesional que tendría después Salamone como asesor de la Municipalidad?

La relación con Tucumán no terminaría bien para Salamone. Tanto él como el intendente Julio Lozano Muñoz casi irían presos por una acusación de corrupción a raíz de una pavimentación en San Miguel de Tucumán. Solo lo salvaría el consejo de su abogado, Antonio Tróccoli, futuro ministro del Interior de Raúl Alfonsín, quien le recomendó huir a Uruguay, como lo recuerda René Longoni (“El exilio de ‘Metrópolis’ ”, 29/04/07). Le hizo caso y con eso evitó la cárcel. Pero eso, como se dice, es otra historia.

Agustín Eugenio Acuña 

agustin.eugenio.acuna@gmail.com

N. de la R: Efectivamente, en la inauguración del Cristo, el 20 de febrero de 1941, no se hace referencia al autor de la obra. Tampoco en las notas necrológicas que se publicaron en LA GACETA y en “La Prensa” sobre el fallecimiento en 1974 de Santiago Chiérico se menciona que haya sido autor de esta obra, y sí, en cambio, del monumento ecuestre al Libertador en San Martín de Los Andes. En cuanto al ex intendente José Lozano Muñoz, tampoco en la nota sobre su deceso en 1974 se hace alusión al Cristo de la esquina de Mate de Luna y Camino del Perú, obra que se inauguró cuando se había concluido el pavimento de Mate de Luna, por el cual el jefe municipal fue acusado de irregularidades (sería sobreseído por prescripción en 1948) y a raíz de lo cual renunció a la intendencia en 1942. Por otra parte, Gabriel Lucardi, integrante del grupo “Los Testigos de Salamone”, entrevistado por Arnaldo Botto en FM Reflejos 103.7 (27/04/2026), dice que entre Salamone y Chierico hicieron al menos seis Cristos con el mismo molde, entre ellos los de Tornquist, Laprida, Estomba y Yerba Buena. La alusión a su autoría surge del testimonio que Mario Moyano, ex alumno de Chiérico, le hizo al investigador Carlos Páez de la Torre (h), quien lo publicó en “El autor del Cristo” (07/04/2009). También se menciona Chiérico como autor del Cristo en la Historia del municipio de Yerba Buena, Marta Barbieri y Matilde Silva, pag 78. (2017)